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Tal vez el mundo Holístico no es lo que esperabas... o tal vez sí.

Holística y la ciencia de la Conciencia

. viernes, 22 de mayo de 2009


Coincide el pensamiento holístico en que el Kosmos es orden implicado, es dinámico, nada es estático y permanente. Parece estar constituido de modelos básicos u holones que componen a su vez un gran Todo Indivisible . Hasta aquí parece converger la ciencia moderna, también el vitalismo y muy especialmente el misticismo. Las “partes” u holones son subyacentes a la unidad, y sólo existen en el dominio explicado. El HOLOS está ensamblado, interconectado, interrelacionado y es auto-sustentable, por mencionar sólo algunos atributos. HOLOS es pues la fuente de toda conciencia e inteligencia en toda forma de manifestación; también la materia, la energía, la partícula, es de algún modo consciencia, en la escala que sea, en el nivel que sea. Para la percepción holística TAO, BRATMAN, DIOS son formas de expresar y experimentar la misma esencia, porque se refieren al mismo Todo, sin diferencias.




Desde tiempos inmemoriales, ha habido muchas maneras de expresar “ese todo” pero ninguna ha podido definirlo abiertamente porque tal experiencia es única e impersonal y porque a medida que profundizamos el HOLOS se nos revela indefinible, incognoscible e incuantificable. De manera que cualquier concepción que pretenda establecer un dogma no trata sino de aproximaciones, ya sean formuladas o experimentadas, todas se encuentran ante el hecho de que el HOLOS es siempre cambiante, que está en perpetuo movimiento. No podemos definirlo en términos absolutos pero sí comprenderlo desde nuestra escala y con nuestra percepción unificada. Todo lo que dinamiza nuestro microcosmos, nuestro mundo, es una manifestación análoga a lo que sucede a un nivel cósmico, análoga no quiere decir forzosamente igual, sino semejante y paralela. Nuestra escala reproduce otra dimensión de los fenómenos y nuestra percepción está ajustada a esa escala, a esa fenomenología.




Al parecer, nuestra escala es tendente a la materialidad, a la mecanicidad, inclinada a fenómenos de densidad y complejidad de la materia, cosa que se hizo evidente a los ojos de Descartes y Newton que conceptuaron un modelo mecánico y estático del universo, pero sus percepciones no podían trascender la realidad parcial a la que se hallaban sujetos, no podían conocer el universo porque simplemente no se conocían así mismos. El ser humano está dotado para la trascendencia, tiene la posibilidad de salvar las propias barreras perceptivas creadas por el Estado de las Cosas, pero para salvar la escala debe hacerlo desde dentro. Esto que parece una perogrullada es sin embargo la clave de la espiritualidad. Explorarnos y conocernos interiormente nos lleva inequívocamente a la comprensión de todo lo cósmico. Lo que conocemos como espiritualidad no es sino acceder a la conciencia de ese Todo y trascender la prisión perceptiva del ego o la personalidad para acceder a nuestro Yo esencial. Las respuestas por tanto no se hallan sólo en el mundo físico ya que éste sólo revela aspectos parciales del todo, tampoco podemos ver una realidad desde afuera cuando la realidad se halla en el contenido.




La apariencia de las cosas no revela todo el interior de las cosas y nuestra percepción, si no es ampliada y modificada no puede ver más allá de la apariencia. La función de la espiritualidad es acceder al interior de los fenómenos, a nuestro interior, más allá de la imagen y las formas, de la personalidad y el ego, sólo así podemos salvar lo que aparentemente es una la paradoja. El drama universal es pues una complejidad organizada y ensamblada compuesta de dinámicas y fenómenos, que se enlazan y contraponen, que son análogos y al tiempo diferentes a las de nuestro pequeño mundo, y que no podemos comprender si antes no conectamos con el sentido profundo de la dinámica de las cosas. Lamentablemente parece interesarnos más la apariencia, la forma, la imagen, lo físico, porque a través de nuestros sentidos externos se ajustan a nuestra tridimensionalidad, pero ¿y qué hay de nuestros sentidos internos? Esta paradoja ha sido con frecuencia salvada desde el misticismo y hasta por la física cuántica. Para el hombre común tal paradoja supone un ejercicio arriesgado que pone en riesgo su concepción del mundo y sus estrategias de respuesta a éste. Estas cuestiones hincan profundamente en su necesitada escala de valores, es lógico que las preguntas existenciales giren alrededor de necesidades vitales orientadas a la supervivencia y la búsqueda de justificantes como peones de la maquinaria social. Las otras preguntas acerca de quién soy y qué hago aquí se reducen a sus circunstancias, con frecuencia al discurso interior del “yo” o del “mi”, porque para él “ser” es simplemente “estar” y “tener”.




Nuestro egocentrismo nos ha llevado a la cima del aislamiento con la vida y su lenguaje holístico. De la incomprensión acerca de los procesos cósmicos, surgen los rasgos de la dualidad humana, la personalidad egoíca, y con ella los males sociales. La fe sin conciencia o la ciencia sin conciencia. La conciencia sin conciencia de lo que es “conciencia”. Entonces. ¿Sabemos realmente lo que es Conciencia, Inteligencia, Dar, Compartir, Amor…? Si tiramos del hilo encontraremos que no sabemos nada. No podemos encontrar fácilmente el origen o las causas de la separación del hombre con el cosmos, pero si podemos saber, cómo y cuándo, incluso dónde, comenzaron las sociedades humanas a mostrar síntomas de disfunción en la percepción del mundo. Pero antes, es importante que expongamos un poco mas de la visión holística, simplemente para abrir terreno y recordar que antes de que se impusiera el Dualismo en la mentalidad humana, ya existía en el hombre un conocimiento genuino y profundamente vivencial acerca de la vida y los fenómenos naturales y cósmicos. Esto fue perdiéndose con el avance de las mega-sociedades, y con la prostitución de los conocimientos legados desde la antigüedad por parte de las clases ostentadoras del poder. La educación y un entorno desvirtuado propiciaron las consiguientes disfunciones en nuestro sistema neuro-espinal, precipitaron la desarmonia de nuestros hemisferios, provocaron una escisión en nuestra conciencia, afectaron por tanto a nuestra percepción y posibílidades eugenésicas.



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