¿Por qué experimentamos una repentina sensación de bienestar y energía al estar en ciertos lugares? ¿Por qué algunos colores nos atraen y otros nos repelen? ¿Por qué razón una casa parece perfecta para unas personas y desastrosa para otras? ¿Somos los únicos en percibir estas cosas o es algo que le ocurre a todo el mundo?
Para poder explicar y entender la relación del hombre y el entorno es necesario comprender el significado etimológico del término Feng Shui.

Las grafías chinas del Feng Shui corresponden a las de viento y agua, que son los dos tipos de energía vital –uno visible y otro invisible- de los cuales dependen para existir la mayoría de formas de vida.
A pesar de que el término Feng Shui se utiliza en la actualidad para describir el estudio de estas dos energías, en realidad el origen de esta ciencia natural se remonta a un tiempo inmemorial de la antigua cultura china. Los antiguos se referían a sus exploraciones sobre la energía utilizando los caracteres “Ham Yu”, que expresan de modo extremadamente sofisticado e inuitivo la posición que el ser humano ocupa en el universo.
Ham significa literalmente “examinar el cielo” y Yu significa”mirar la tierra”, de manera que nos hace entender de manera muy analógica el papel del hombre como ser humano y como criatura terrestre avanzando paso a paso a través del universo.
Estos dos términos juntos (como frase) expresan nuestra relación con el resto del univeso, y suele traducirse como “magnetismo”.
Gracias a sus observaciones minuciosas que formaron la base de la medicina china, se llegó a la conclusión de que el cuerpo humano también presenta propiedades magnéticas (no debemos olvidar que uno de los componentes de nuestra sangre es el hierro).
Así, cada persona posee un campo energético que se extiende más allá de los límites visibles del cuerpo, y nuestros cuerpos forman parte y se hallan condicionados, por el campo magnético terrestre. (Más adelante veremos el campo magnético terrestre y su repercusión en el Feng Shui).
De manera que el ser humano está estrechamente ligado a la configuración del campo de fuerzas del universo y a sus flujos mágnéticos.
Resumiendo, cada ser humano vive estrechamente influenciado por dos inmensos campos de energía. Estamos sometidos a fuerzas que abarcan no sólo nuestro cuerpo físico, sino todo su entorno. Debajo tenemos la tierra; encima, extendiéndose a través de la infinidad del espacio, está la energía del cosmos. Entender la influencia de estas energías y su impacto en la vida de los individuos es la base del Feng Shui.





















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