¿La RELIGION del nuevo milenio será la CIENCIA?

. domingo 30 de agosto de 2009


S. E. Acosta afirma rotundamente que la religión del nuevo milenio será la ciencia. Esta controvertida afirmación remueve muchos intelectos, morales y no menos conciencias. Para muchas personas de uno y otro bando son conceptos irreconciliables. Pero no nos engañemos porque “la ciencia oficial” que todos conocemos y que tanto nos condiciona nada tiene que ver con la “nueva ciencia” que está latiendo en los movimientos holísticos: cuánticos, cognitivos y transpersonales. Lo que mucha gente ignora es que la religión que tira del actual modelo socioeconómico y que tanto está jodiendo al planeta, es precisamente la todopoderosa ciencia. Cuando dominamos y competimos, cuando expoliamos y maltratamos el medio en la forma como lo hacemos, interpretamos “la evolución de las especies” y el determinismo cartesiano y newtoniano. Tras este tinglado existe un solapado fundamentalismo, que aspira a ser el pueblo elegido que ostente el monopolio de la realidad, con todos sus amos y esclavos.


Tendríamos que empezar de nuevo, desaprendiendo, o sea entendiendo y comprendiendo a la luz de un nuevo modelo perceptivo lo que es ciencia y lo que es espiritualidad. Se que es muy difícil porque significaría un giro de radical y traumático en nuestra forma habitual de percepción, ya bastante limitada y por encima de todo manipulada, fragmentada y deformada.



No sabemos lo que es ciencia y tampoco lo que es religión porque tras una espesa costra de conceptos y preceptos han perdido su sentido semántico, y por tanto carecen de sentido holístico. La ciencia analiza, teoriza y predica, y aunque se disfrace de agnóstica persigue un dogma de fe racionalista. La religión, por otro lado, ha perdido su sentido asociativo, ya no religa ni educa el espíritu humano sino que domestica a masas humanas con valores fundamentados en la fe pontificia e incuestionable. Tanto la una como la otra imponen dogmas e imponen ser modelos definitivos de realidad, pero son igualmente mecanicistas, miopes y gordianas. Ambas están afectadas por el dualismo, por lo que cercenan la individualidad, fomentan la descomposición del YO y son artífices de la maya perceptiva que mantiene a la humanidad sugestionada y separada de su sentido y su dharma. El misticismo se preserva manteniéndose al margen de una y otra, pero acusa prejuicios, invenciones, fantasías, deformaciones y defectos atávicos, además de una incipiente falta de perspectiva. Separar lo personal de lo impersonal es negar nuestra naturaleza transpersonal, al separar lo material de lo psicológico nos desvincularnos de lo cósmico porque la luz, como el pensamiento y el sentimiento son materia. No va a ser fácil deshacernos de los condicionamientos que la religión y la ciencia han creado en nuestra estructura hemisferial, en nuestra composición cibernética, en nuestra memoria límbica y en la codificación genética.


No podemos partir desde los preceptos del modelo científico mecanicista porque además de obsoletos representan un obstáculo en nuestra precepción. Ni medir el mundo de forma exclusivamente racional y solamente en parámetros físicos, ni aún con la tecnología más poderosa, porque éstos sólo nos mostrarán el aspecto más aparente de las cosas. Sin las tecnologías para ver más allá de la propia personalidad, ni el más avanzado microscopio ni el más potente de los telescopios pueden revelarnos la naturaleza profunda de los fenómenos, menos aún cuando dicho aparato o artilugio ha sido desarrollado por alguien cuya percepción es mecánica, estrecha y limitada.




Alguien que ni siquiera se conoce a sí mismo.




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