El estrés frente a uno mismo (F.Cañizares)

. viernes 16 de octubre de 2009


ESTRÉS ¿qué se puede decir de él a estas alturas? Hace mucho tiempo que brego con él es como una sombra negra que te persigue a allá a donde vayas. Muchas veces nos rodeamos de personas y situaciones que sabemos que él odia. Nos acercamos a nuestros hijos, a nuestra madre y, por qué no, a nuestro padre. Conseguimos una cita acogedora con uno o varios amigos; incluso quedamos para cenarnos un menú barato en ese rincón de nuestra preferencia que hace que nos sintamos bien, que nos transmite buenas vibraciones. El estrés no desaparece, se aleja justo lo suficiente como para no perdernos de vista. Se diría que aplazamos nuestra encuentro con él cara a cara, durante unas horas; con suerte, uno o dos días, pero al final vemos que se acerca a nosotros y aún se burla más todavía. Nos mira fijamente a la cara y nos dice : ¿y ahora qué...? ¿quizás pensabas que ya no estaba aquí...? ¿qué ingenuo eres, crees que porque me abandones durantes unas horas, no me volverías a ver?


El estrés es como una muerte en vida que tiene como cometido la cruel tarea de hacer que no podamos dirigir nuestra vida. A menudo nos paraliza, hace que cometamos errores, que hablemos mal a nuestros seres queridos, que hagamos reproches incontrolados a quienes, a menudo, no se lo merecen. Nos va minando hasta que consigue matarnos. Un viejo, al que nunca debí haber conocido, decía que “lo que mata son las preocupaciones”.

El estrés se apodera tanto de nosotros que incluso tiene el efecto de una droga a la que te acostumbras y que te mantiene con vida mientras tienes dentro de ti ciertas dosis de él, pero que si pasas, de repente, a un vació de estrés, puedes, incluso, perecer.

Muchos pensarán que el estrés viene de la mano del apego. Nuestros deseos sin límite son, a la vez, nuestro ataúd. Otros pensarán que el mejor sistema es recluirse en un monasterio Zen. Lo cierto es que los monasterios Zen no están abarrotados, luego la gente prefiere sobrevivir en la calle con sus ventajas y con sus inconvenientes. Muchos como en el caso de esos trabajadores de France Telecom, que han decidido suicidarse ante la perspectiva de perder su empleo (ya son 25 los trabajadores que se han suicidado en los dos últimos años) no encuentran el camino de salida, mientras el estrés acudía a su entierro satisfecho por el deber cumplido.

Son muchos los consejos y recetas que se dan para combatir las tensiones que nos atenazan. El resultado suele ser el mismo que el de las dietas de adelgazamiento. Quizás haya que echar mano de las consignas del maestro Krishnamurti cuando decía que el camino verdadero es el que cada uno descubrirá en su ser ¿palabras etéreas...? ¿palabras de humo...?, creo que no.


Muchas de nuestras tensiones provienen de no aceptarnos a nosotros mismos; de no respetar nuestro Ser, lo que pensamos, lo que queremos. Continuamente queremos ser lo que no somos, decir lo que no pensamos, ir adónde no queremos, incluso nos casamos con quien no queremos. Es cierto que el espíritu de supervivencia nos hace hacer todo eso en muchas ocasiones; pero no es menos cierto que muchas veces lo hacemos por simple inercia, no nos detenemos a preguntarnos si es eso lo que queremos. Si la tensión es miedo, deberemos “coger al toro por lo cuernos”, y cuando lo hayamos hechos y haya tenido favorable resultado, no miremos hacia los lados esperando que alguien nos aplauda o reconozca nuestra valentía, simplemente mira hacia tu adentro y SE TU MISMO.

F. Cañizares



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