GRIPE A: el último minuto, el último parte, el último bulo….

. martes 17 de noviembre de 2009



La archi publicitada campaña de vacunación contra el virus de la gripe A ha sido activada para satisfacción de sus oscuros maquinadores y para alivio de crédulos, miedosos y previsores. La más que sospechosa gripe de marras se ha extendido por el planeta de la mano de una crisis financiera paupérrima necesitada de “nuevas fórmulas” para que la normalidad monetaria aflore y la mierda siga circulando. Pero no nos ilusionemos, porque la dichosa crisis aunque parezca que despunte y que hasta se remonta, se hace aún más mórbida y virulenta. Nos encontramos pues, ante dos plagas invasivas que mutarán muy probablemente hacia insospechadas combinaciones víricas que convergerán en una planeada y errante “purga”.

Tras un verano inusualmente caluroso y largo se estima que con el frio los casos de contagio aumenten exponencialmente. Se vacuna a bebés y ancianos en riesgo, embarazadas, personal sanitario y a miembros de las fuerzas del estado. Aún sin datos fiables y habiendo experimentado con unas pocas y confiadas cobayas humanas. Para júbilo de sus codiciosos promotores y afanados fabricantes la vacuna será el negocio más pingüe de la década, con un marketing implantado en plena crisis, con la mejor propaganda posible; y un montón de cepas-negocio dispuestas a parasitar ávidamente del filón de la inseguridad y el miedo.


Se había hablado de síntomas leves y de un sector de población muy vulnerable, pero la aparición de nuevos casos de muerte por neumonía aguda en personas “aparentemente sanas”, crea estupor y hace emerger el terror a una plaga invisible y emboscada que amenaza tras un estornudo, una simple tos o viajando en un beso o un acalorado apretón de manos.


Ya no se habla de la simple gripe estacional, todo, al parecer, es “Gripe A”: más del 90% de los casos (según las siempre engañosas y manipuladas estadísticas) lo anuncian categóricamente. No hace falta correr al hospital en cuanto aparezcan síntomas palpables de la incipiente gripe, ni ingresar y someterse a estudio. Los colapsos hospitalarios producidos por masas temerosas de infectados serían colosales y muy costosos. No están preparados para semejante caos.


Un análisis imparcial de la situación nos abre los ojos a la sugestionabilidad aborregada de ciertas autoridades sanitarias que arguyen y defienden, y que luego desmienten todo cuanto se les dijo que dijeran. Los que en plena euforia defendían la vacunación, declinan la opinión para aconsejar no vacunarse. Ahora, y visto lo visto, defienden la vacunación masiva.


La opereta está servida y el miedo sembrado. Millones de ancianos se aferran temerosos a sus temblorosos bastones y echan camino del ambulatorio, junto a miles de vacilantes embarazadas. Sufridos funcionarios engrosan la marcha cobaya dispuestos a servir de heroico ejemplo. Las mamás muestran su desencanto porque se les aconseja que no es bueno bañar tanto a los niños. Algún que otro galeno proclama pontíficiamente que “Las hierbas y jaleas no valen para nada”. Otros hacen publicidad de quiméricos medicamentos, sin mencionar ni advertir acerca de los efectos secundarios y iatrogénicos en un futuro más lejano que incierto.


Mientras, las autoridades se hacen la picha un lío, -diciendo hoy una cosa y mañana otra- miles de ciudadanos sugestionados, desorientados y temerosos se aferran a lo que se predica e impone en los medios: en el último minuto, en el último parte, en el último bulo….



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