En la singular geografía humana existe un vasto y variopinto surtido de subpersonalidades, ¿o podríamos llamarlas protopersonalidades? El caso es que parecen deformaciones del comportamiento que a modo de dibujos animados nos hacen ser y actuar de una manera que podríamos llamar escénica o televisiva. Así encontraremos una histriónica gama de:
Pepitos sin grillo, pigaflors, marilocas, engreídos, tocanarices y aguafiestas, vivalavidas y balaperdidas, cascarrabias y rebellaos, sonsos, cafres y gafes, tiquismiquis y manirrotos, hippylonguis, caraduras, matracas y quinquis, pijines, señoritingos y repipis, nínfulas y sátiros, tirapedos y meaesquinas, mastuerzos y empanaos, caraperros, gandules, infantiloides cuasi lechuguinos, carambainas y además charambambas, chanchulleros y cantamañanas, flipaos e iluminaos, histéricos, bipolares, boleros y hasta troleras, sabihondillos y enteraos, famosillos buscavidas, pintas, pintamonas y getas, arrabaleros y criticonas, malpensados, gulas y ludópatas, parlanchines y cotillas, peseteros, lolos, pupas, calientanabos, mercachifles, trepas y arribistas, malaleches, chachipirulis y flowerpowers, musculitos y marimandonas, marimachos, enjollaos y pelandruscas, trasnochados, narcisos, babas, pelotas, liantes y mangoneros, cándidos o bien sacapastas, niños de papó (o de mamá), politicastrados, faunos, krápulas..; y tantos, tantos etcéteras.
La fauna es harto extensa y abarca todos los géneros, edades, clases sociales, culturas y nacionalidades. De entre toda esta multitud tan intrínsecamente humana como quijotesca destacaré un personaje ciertamente peculiar, y por cierto, muy extendido: el Teletubi.
El Teletubi no es fácil de reconocer ya que se oculta muy bien y en principio cae bien: es afable, melindroso, y esboza una cándida aunque forzada sonrisa (y por eso cae bien). Su interés en dar una maravillosa imagen no parece tener límites. Gusta de falsificar abrazos, de mostrarse afectuoso y se esfuerza en parecer atmosféricamente sereno. Pero no nos engañemos porque tras esta mascarada habita un alguien que es todo lo opuesto de cuanto interpreta. Ni él mismo sabe que es hipócrita, además de desconfiado, huraño y falso. Suele ser habitual adoptar la pose y la estética del hippie moderno, en supuesta autosuficiencia y armonía con la naturaleza, pero es un manazas y tira de lo lindo con la VISA de sus papás en cuanto sale el mínimo problema. Entre sus complementos escénicos y como escenario teatral destacan los productos dietéticos como el sucedáneo herbáceo de sal, los bizcochos integrales, las algas marinas, los yogures de soja, el kefir, gusta de los CD de Café del Mar, los libros de Krisnamurti y películas como las Nueve revelaciones. Justo lo necesario para estar al día y saber de todo. Así complementa su disfraz chill-out. Además ¡y por cierto..! viste de INDIGO y con calzoncillos Calvin Klein. Evidentemente se cree naturista, deportista, vegetariano, macrobiótico, ecologista, solidario y vanguardista. Se inspira en la moda New Age pero tiende a cierto integrismo, lo que lo pone en una situación perfecta para cuestionar, juzgar, criticar y despotricar, pero lo hace desde su idílico e hipócrita egocentrismo.
Su sueño es por supuesto: “un mundo mejor, más libre, natural y sin presiones” pero a su estricta medida. Pero como nadie escapa a la ley de causa y efecto, nuestro frustrado personaje acabará pasando cuentas, que vendrán del lado oscuro, de la contradicción en su sombra, de las sentencias que él mismo genera al ser un juez y un mártir del mundo. La necesidad lo llevará a depender de su manipuladora suegra, a comer butifarras y a vender en la feria del pueblo bocadillos de lomo y chorizo, justo todo lo contrario de cuanto había proyectado como su ideal de vida. Vivirá a regañadientes con la agobiante familia de su pareja. Ya no será él porque se verá arrastrado a una vida ordinaria, y su película almibarada se tornará agria. Puede entonces que se arme de valor y abandone esa vida de compromiso impuesta que amenaza a sus sueños quiméricos. Necesita ser él mismo, para volver a ser el Teletubi TodoAmor de siempre. Al final, si lucha demasiado contra sí mismo, engendrará en su psicosoma atroces guerras intestinales, padecerá de una catarsis en forma de apendicitis. Señal decisiva que lo jusificará para a escapar muy lejos de su frustración, y de sí mismo. Dejará un críptica nota de amor, de lo que pudo ser y no fue; y silenciosamente se esfumará.
Eso sí, aprenderá, y se volverá más integrista y desconfiado porque una vez más el mundo le ha fallado o lo ha desengañado. Menos mal que le queda el amor por la naturaleza: el gran Sol, el canto de los gallos, las veredas arboladas, el sonoro remanso del río y las soleadas rocas de la montaña. Con ellos no cabe desconfiar del mundo, de las personas ni de la gente.
Su mente ya se ocupará de colorear y plastificar el paisaje hasta hacerlo aséptico e integrarlo a su pájara ficción. Fingirá e interpretará ser un cándido niño, soñará con ser un maestro de la escuela del futuro y el baluarte de la nueva generación... ay!!!!! pobre teletubi.

























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