Cuando Gurdjieff introdujo sus ideas en occidente lo hizo en plena revolución industrial, durante la primera guerra mundial y a punto de gestarse la segunda. Las condiciones humanas por entonces dejaban entrever a Gurdjieff los derroteros que estaban cogiendo las sociedades modernas que para él no eran más que repeticiones mecánicas de cuanto había acontecido ya en el pasado, cuando una civilización emergía en conflicto con otras civilizaciones y bajo los fantasmas de siempre. Siempre han existido individuos que han impulsado causas nobles y justas pero éstas se ven una vez tras otras truncadas porque el entorno social, y con él la propia naturaleza, conspira contra todo lo que pueda representar un cambio del estado de cosas, esto siempre ocurrió y continuará sucediendo.

Hoy hay ciertas cosas que han cambiado, pero el mundo aún creyéndose evolucionado se desconoce a sí mismo y está igual de loco; se podría decir que la situación se ha agravado ya que los daños sobre la naturaleza son enormes e imprevisibles a causa de la sobreexplotación de los recursos y la superpoblación. A todo esto tenemos que sumar los frecuentes conflictos bélicos, las profundas desigualdades sociales, las hambrunas y pandemias que azotan el planeta y el éxodo rampante que invade las sociedades modernas. La crisis planetaria actual es el resultado de las políticas depredadoras e irracionales socioeconómicas. Nos aferramos a verdades convenientes y hacemos uso de una moral de quita y pon a causa de que el conjunto de la humanidad no actúa impulsada por la conciencia sino por el egoísmo, la ambición, y muy especialmente el miedo y la desconfianza.
Es una situación que se agrava día a día, que nace de la inconsciencia como de la falta de una conciencia global humana. La crisis planetaria actual no es tanto una consecuencia de la pésima gestión socioeconómica de las sociedades como de la inmadurez y el atraso evolutivo del que hace gala desde antaño el ser humano. Hoy millones de seres humanos se ven obligados a replantearse sus vidas porque están sujetos y dependientes a las formas accesorias y superficiales de la vida, están carentes tanto de un sentido existencial como de nuevos valores con los cuales sobrellevar sus sometidas vidas. Se desconocen a sí mismos en un mundo que se desconoce también a sí mismo.
La humanidad evoluciona tecnológicamente pero no lo hace tanto psicológica y espiritualmente. El sometimiento proviene de dogmas impuestos religiosos, morales y científicos que se disfrazan de ideales de vida y que dan estructura a las diversas sociedades, que penetran y se instalan en nuestra psicología interfiriendo en nuestra codificación genética. Es un hecho que viene ocurriendo cíclicamente y que obscurece nuestra percepción del mundo alejándonos incluso de nosotros mismos hasta convertirnos en fragmentos aislados de una única fuente. No puede haber unidad planetaria cuando cada uno de sus individuos carece de unidad interna, y cuando la propia individualidad es anulada desde muy pronta niñez.
La situación por tanto no ha cambiado sino que ha empeorado; no sólo arrastramos los males y hábitos de siempre sino que generamos nuevos vicios y nuevos males que nos están llevando a un nuevo punto histórico de inflexión.
Estamos a tiempo...
























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