Histeria Global

. lunes 8 de febrero de 2010


He recibido todo tipo de respuestas al artículo sobre” histeria y fibromialgia”, opiniones a favor y enfrentadas acerca de un trastorno tan complejo como difícil de llevar. Antes de escribirlo me pregunté: ¿Lo redacto o no?, aún a sabiendas de que pudiera ser interpretado literal o subjetivamente. Al final lo hice consciente de que lo hacía por amor a mis semejantes. Conozco a no pocas personas que sufren de fibromialgia y son precisamente éstas la que me han animado a exponer el tema en esta forma. Son personas que han cambiado el chip, que han comprendido la esencia de la enfermedad como camino, y que han encontrado en el dominio de sí mismas la más eficaz y aleccionadora de las auto-terapias. Ellas son las que me han orientado hacia esta perspectiva, sin tapujos, medias tintas ni falsas consideraciones.

Que los hombres también sufren de fibromialgia, eso es tan cierto como que cada individuo es en sí un Todo; no es extraño que los hombres tengamos una dimensión femenina que guarda semejanzas intrínsecas con la de la mujer, aunque nuestra polaridad difiera dinámicamente. También sufrimos de histeria, y también generamos estrógenos especialmente cuando compartimos la maternidad.

Aún no sabemos casi nada sobre fibromialgia, pero un día podemos encontrarnos con que se ha convertido en una verdadera epidemia moderna, causada por aquellos males al parecer necesarios que dañan nuestro equilibrio, males que asumimos como “ normalidad”. Por otro lado la histeria no es un rasgo exclusivo del psiquismo de la mujer, también la padece el hombre. De hecho es un estado de irritación planetario, que afecta a todo el conjunto humano, especialmente bajo circunstancias de psicosis colectiva. Puestos a generalizar también el planeta la sufre, sobre todo cuando dañamos la naturaleza o le creamos un desorden. Y es la mujer la primera en percibir inconscientemente estos daños.


A mi parecer el papel de la mujer es determinante en el nuevo rumbo del mundo, y lo es tanto y a un nivel tan profundo, que sufre en su conciencia los mismos males que sufre la humanidad y el planeta . La mujer, -holísticamente hablando- es más integral y universal que el hombre, pero no es completamente consciente del antagonismo que sufre en su propia conciencia y que le dificulta ser potencialmente “ella misma”. A mi parecer las sociedades actuales son un reflejo de la búsqueda infructuosa del hombre de encontrarse a sí mismo, y ante la invalidez de su búsqueda inspirada en la conquista y el poder depredador sobre la naturaleza toca ahora a la mujer decidir cuál es el nuevo modelo de sociedad, de progreso y de desarrollo humano. ¿Y por qué? por muchas razones pero la más importante es su papel en la educación del nuevo niño y su influencia benefactora en las generaciones futuras. Pero un mundo nuevo precisa de una mujer renovada y no de alguien aferrado a la imagen y la materia que perpetúe el actual y desastroso estado de cosas.

El tema del artículo no anda derrapando entre posibles y demostrables, sino que se centra sobre todo en la espinosa cuestión de la conciencia, y en cómo ésta sufre los embites de una existencia sonámbula, llena de miedos, conflictos y paradojas. Tenemos la posibilidad potencial de proyectarnos y de crear aún más belleza y armonía, pero esta potencialidad se disipa ante los múltiples imponderables de una vida programada que asumimos servilmente y que no nos da tregua para darnos un respiro o pararnos a meditar acerca de la razón de “por qué las cosas son como son” y “por qué precisamente a mi”.

Los imponderables están emboscados en cada situación que se nos presenta, y brotan de una mezcolanza de causas y de azar, los hemos generado nosotros, en el seno mismo de las familias y las sociedades inspiradas tanto en el nefasto modelo actual de economía global como en los modelos atávicos que arrastran un fundamentalismo castrador y degenerante. Para aquellos convencidos de que ya estamos evolucionados sólo puedo decir que se equivocan, ya que no sólo hemos abandonado o prostituido importantes valores sino que además no somos capaces de crear valores nuevos con los cuales edificar nuevos estilos de vida más inspirados en la consciencia, la equidad, el compromiso y la responsabilidad.

Todo está en ese compuesto de virtudes y defectos que es el ser humano, que de querer ser tan perfecto se equivoca y yerra, o en el camino o de sendero, total para darse cuenta -o no-, de que no puede: ni controlar, ni dominar las cosas. Cuando la necesidad de control nos puede y nos desborda, cuando la incertidumbre acecha, empezamos a entrar en terrenos de desequilibrio. Verdaderamente el ideal de perfección; nada tiene que ver con lo que esperamos del mundo o de los demás, más bien se halla en la cualidad natural y espontánea de no mentirnos a nosotros mismos y de dar lo mejor que tenemos sin esperar retribución.

No es tanto una cuestión de injusticia como de causa y efecto.


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