Laboratorio de Ecoxistencia

. sábado 19 de febrero de 2011

Toda la vida en el cosmos es un gran laboratorio en el que no cesan de crearse nuevas formas de inteligencia. De la misma forma lo es también la naturaleza, la comunidad humana, y cualquier persona. Un laboratorio puede ser también el hogar, el taller de un alfarero o la colmena de un apicultor. En un laboratorio siempre hay algo creativo por aprender y con lo que crecer. Por eso podemos encontrar también laboratorios creativos en una actividad deportiva, en un taller de escritores, de danza, teatro, artesanía, costura, arquitectura, horticultura, fotografía, meditación, cocina y un sin fin. Pero, ¿Qué ocurre cuando los unimos todos, en un único laboratorio?.

Un laboratorio de ecoxistencia es un lugar para la unidad interrelacionada de esos laboratorios. La investigación y la experiencia creativa que ofrece un laboratorio así comporta enormes ventajas y oportunidades para el desarrollo personal y del hábitat. Desde este punto de vista una persona que estudia y trabaja en una labor creativa es un investigador que aprende razonando, imaginando, sintiendo y haciendo. Como la vida es descubrimiento y todo cuanto se vive es experiencia, cualquier individuo puede ser un investigador, no sólo de las cosas de la vida, también de su propio autoconocimiento.

Entre las muchas herramientas y tecnologías, de las que más disfrutamos, son las que nos pertenecen: las que forman parte de nuestras capacidades cognitivas, afectivas e instintivas. El resto de las tecnologías son los objetos que creamos, aquello que diseñamos y construimos por el bien del progreso. Partiendo de esta idea, la prioridad en nuestro desarrollo es nuestro propio potencial, no sólo para diseñar y construir, también para amar y compartir. Porque los tiempos de la subsistencia ya deberían estar superados, y porque nuestro paradigma de evolución y nuestro derecho a la felicidad empiezan en las necesidades básicas y en las habilidades prácticas. Cualquier nivel de vida o de calidad de vida depende precisamente de este equilibrio entre Ser y Hacer.

Todo cuanto entendemos por Educación y Pedagogía podría dirigirse a este equilibrio entre nuestras naturalezas sensible y material. Los conocimientos podrían también ser más vivos e intelectivos y nuestros métodos aún más humanos y sencillos. Aprendemos haciendo, y hacer es expresar lo que conocemos y sentimos. Comprender las cosas en conjunto enseña mucho más que conocer un sólo aspecto.

Porque somos seres que piensan, sienten y crean al mismo tiempo.

J.R Tato Peña


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