Dioses en su apogeo

. sábado 3 de septiembre de 2011

El progreso ha triunfado trayéndonos el paraíso a lo terreno, ahora, siempre que entremos en las reglas del mercado financiero, viviremos como dioses. El modelo de consumo ha conseguido eso, hacernos sentir dioses, o en su caso reyes y reinas, príncipes y princesas. Tener ya es suficiente, estar ya es suficiente, sólo creernos o sentir que lo somos es más que suficiente. Esta pretensión de ser públicos, célebres y glamurosos es bien conocida por la publicidad que explota el filón hasta la saciedad. La fórmula arquetípica habita en el inconsciente individual y colectivo y parece justificar miles de años de civilización y de condominio antropocéntrico sobre la vida. A través del espejismo del consumo cada vez somos más los dioses que ingresan en el olimpo de la vida líquida. Así no es necesario plantearnos lo que es mentira o es verdad, o cuál es la ficción o la realidad. Un paraíso creado por el espejismo del materialismo consumís tico que nos permite disfrutar de la sala vip o el resort banal del bienestar social, y con la limpieza de conciencia suficiente para comer y callar.

Tiempo atrás los emperadores divinos poseían licencia celestial para gobernar sobre los mortales y las cosas mundanas. Se los veía excepcionales, dotados de dones y poderes prodigiosos. Aquellos seres embajadores del cielo y entre terrenos y divinos fueron siendo sustituidos por personajillos mediocres y penosos rodeados de testaferros patanes y mamelucos adulones; además disponían de oraculillos que incluían ciertos efectillos especiales. Por acullá se inventaron leyes y se financiaron ejércitos, además de que se armaron galeones e inquisiciones. Se fundaron empresas y mercados, castas, gremios e iglesias. Aunque se clamara a un solo dios y un solo credo, en la frontera de enfrente había otro, y otro, y más allá otro de diferente color y forma, ¡y cada uno mejor y más grande que los demás…! Aún a punta de cañón y talonario la cultura y el confort se globalizaron, -al ritmo que las trifulcas, los saqueos, el hambre y las pandemias- los dioses se reinventaron, se humanizaron, y se deshumanizaron. El mundo se fue llenando de un universo de dioses y diosillas adoradores del santo credo hedonista. Hasta hoy y su esplendoroso apogeo.

¿Y por qué no? ¿Es que no hay ángeles, santos, atlantes, y princesas de Orión entre nosotros? Todos muy seres de luz, muy espirituales y muy reales. Reencarnados en flipaos tántricos, escépticos sartrianos, teletubis conversos, artistillas frikilanders, maquinorros bacalaos y narcisistas psicóticos. Astros cinematográficos, gurús del fin del mundo y andaricas con gafas dolce gabbana y perritos bulldog. Dioses de moda prototipados y estereotipados que ansían ser mirados y admirados, deseados, comparados, venerados y envidiados. Así pululan como bígaros: invirtiendo en bolsa, fundando fundaciones, comerciando con bombas y comprando a las personas. Dioses y diosas amos del fuck world, que influyen en lo terreno desde tribunas, tribunales, despachos, platós de televisión, fotoshops, pódium, púlpitos, marisquerías, paraísos fiscales, yakuzzys y camas de agua acerca de cuál es el modelo o la tendencia más sostenible y más de moda.

Little Miss Sunshine
Diosillas y diosillos que sueñan con ser públicos y foto de portada, y que con su sonrisa de botox y porcelana pretenden llegar a ser tan divinos y glamurosos como la Afrodita y el Apolo. ¡Pero…! ¿Es que entre tantos dioses y diosas en su apogeo, no existen ya los simples y llanos mortales?

J.R Tato Peña


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