2012 y el Fin del Mundo

. sábado 31 de diciembre de 2011

Viernes 30 de diciembre. Sobre la mesa se amontona toda la documentación reunida acerca de un inminente fin del mundo. El material es muy diverso y de procedencias dispares, con profecías que hablan del Apocalipsis, predicciones acerca de un nuevo cataclismo, la aparición del anticristo, o un cambio en nuestras mentes y estilos de vida. No me interesan por ahora las promesas actuales de los gobiernos y sus testaferros financieros acerca de superar la crisis, ni sus promesas ni proyectos a largo plazo, ya que lo que viene no se resuelve manteniendo un modelo ni un sistema, que es precisamente la causa del deterioro progresivo de las sociedades, sus culturas y los valores que conservamos como humanidad.

Junto a millones de seres que viven entre ignorantes y expectantes lo que acontecerá en los próximos años, son legión los lunáticos y psicóticos que esperan la última hora, o la gran evacuación cósmica, o la buena nueva de que crepiten dientes y se remuevan océanos y tierras. El montón dedicado a los espiritistas, teosofistas, astrólogos, adivinos y ufólogos alcanza el metro de altura. Disertan sobre las plagas bíblicas, el esperado maitreya, los ángeles caídos, y los maestros descendidos. También hablan de guías espirituales, de seres que nos vigilan, de agoreros de la nación cósmica, de fuerzas que emergen del inframundo, de túneles astrales, de la resurrección de los muertos, de bunkers de energía, de coaching para la desencarnación, de energías negativas que alteraran espacio y tiempo, de lapsos de psicosis colectiva, y de frecuencias para mantenerse a salvo.

Por otro lado se acumulan artículos de astrofísicos y geólogos que nos alertan sobre posibles trastornos en el núcleo magnético del planeta, de los efectos de las tormentas solares sobre la atmósfera terrestre, y acerca de los efectos negativos de la actividad humana sobre la biosfera. Al parecer se perturbaran las telecomunicaciones, caerán los satélites junto a gran parte de la basura que orbita nuestro planeta. La tecnología fallará y con ella los sistemas y civilizaciones que controla y de los que depende. Esto afectará al modelo global económico, a la bolsa, a los mercados financieros, a la logística mercantil y de pasajeros. Con todo ello se incrementarán las alteraciones geológicas y climáticas, aumentará el agujero de ozono, avanzará la desertización, se elevará el nivel de los océanos, erupcionarán volcanes con cenizas que taparán el cielo; crecerán los tsunamis, habrá tifones, tornados, maremotos, terremotos, inundaciones, incendios... Habrá más contaminación en el cielo, tierras, ríos y océanos y continuarán habiendo extinciones, daños en la biodiversidad. Junto al agotamiento de las fuentes de energía y la reducción de los recursos naturales, aumentará el hambre, y la sed; el dinero y los excedentes de consumo como electrodomésticos, moda, vehículos, cosmética, etc, no servirán para nada.

Todo eso sin mencionar revoluciones intestinales en oriente y occidente, choque de civilizaciones, democracias que se fracturan, golpes de estado, tecnócratas que se hacen con el mando de países en recesión, fugas de capitales, contenciosos y pleitos, dictaduras y extremismos que emergen. Y más conflictos sociológicos, nacionalismos que se ponzoñan, fanatismos religiosos que demonizan el progreso, limpiezas étnicas y matanzas trivales. Aumentará la crisis financiera, cerrarán los bancos, agonizará el sueño americano, perecerá la clase media. El mundo se polarizará en ricos y pobres, habrá más privatización, más control y vigilancia, más desconfianza, mayor encarecimiento de la vida, subirá la gasolina, se comprará más lotería y consumirán más drogas, aumentarán los impuestos, desaparecerán las pensiones, se multiplicara el desempleo, los funcionarios saldrán a la calle junto a estudiantes desencantados y licenciados sin futuro. Millones de almas sin techo, se unirán millones de indignados en todo el planeta que tomarán a la calle. Las protestas, marchas, y huelgas serán reprimidos con censura, represión y militarismo. Mientras, las farmacéuticas harán el agosto con armas químicas, antivirales, abortivos, anticonceptivos, y antidepresivos. Por otro lado habrá incremento de las hambrunas y pandemias; inmigración rampante, éxodos, y refugiados.

Los documentos y documentales llenan carpetas y discos duros, la lista se hace interminable. Reportajes y documentales muy bien documentados,; entrevistas a científicos de talla, y a especialistas, a sociólogos, a filósofos; a pensadores, observatorios, analistas, ecologistas, psiquiatras, políticólogos, y lideres religiosos.

La verdad es que aunque la relación parezca densa, precipitada y hasta muy negativa, no es para echarse las manos a la cabeza pensando en el fin del mundo. Siempre es bueno hacer una reflexión sincera, y no es pretexto decir que estamos desinformados o vivimos en la supina ignorancia. A la vista está el camino que desanda el mundo. No hay que ser adivino para predecir los derroteros humanos. Estas predicciones batiburradas con las más fantasmagóricas fantasías esconden profundas verdades disfrazadas de superficiales mentiras. Puede o no ser el fin del mundo, pero van a cambiar las tornas de lo que entendíamos como la vida y el modo como veíamos el mundo. Tenemos la oportunidad de aprender una valiosa lección, incluso para los imbéciles sin criterio, conciencia ni remedio que andan campando a sus anchas por ahí. Unos dicen que la plaga y la causa de todo nuestro sufrimiento es la ignorancia; otros insisten en que es nuestro atraso mental, otros defienden que es el ego, y otros aseguran que es el dinero. Es una idea pueril quedarse con una sola opinión cuando de hecho ya hemos condensado todo eso. Tendremos que aprender a convivir con necios, pero intentemos dejar de parirlos. Creceremos solitos y sin un cielo protector asegurado al ciento por ciento. El mundo cambia si cambiamos nosotros. En cuanto al apocalipsis o el fin del mundo, como ya es de por sí el momento de nuestra propia, personal, e ineludible muerte, (quizás por eso somos como somos) es una muy buena razón vivir aceptando que este mundo (que hemos creado entre todos nosotros) es tanto nuestro infierno, nuestro purgatorio, como nuestro cielo.

 
Feliz, próspero y valiente 2012



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