ASOCIACION INTERNACIONAL DE INVESTIGACION Y DIVULGACION HOLISTICA

Algo más que crisis económica I




Todo lenguaje holístico es cuántico y holográmico. El Cosmos lo transmite a la vida, y ésta a la naturaleza, y ésta a su vez al hombre. Este lenguaje es sutil y cuántico, podemos decir que nos llega en forma de partículas, de ondas o vibraciones. La ciencia moderna, las corrientes cognitivas y las filosofías orientales constatan este hecho. Crecer significa recuperar nuestro origen sensorial en íntimo contacto con el Todo que nos envuelve. El cosmos inyecta inteligencia, conciencia y espiritualidad en la vida, y nosotros somos una extensión de ese universo creativo en evolución permanente. Podemos creer que inventamos cosas, pero sólo imitamos, creamos doctrinas y formas de pensamiento, pero la información está ahí, al alcance de todos y sin distinción de razas, culturas o clases.

Nuestro cuerpo, instintos, emociones e intelecto, al nacer son potencial e innatamente holo-inteligentes y conscientes, deberían impulsar nuestra evolución psicológica en términos de trascendencia, pero son silenciados y deformados por efecto de la educación y el entorno, llevándonos, en la mayor parte de los casos, a fijaciones y comportamientos psicóticos, todos producto de una desadaptación con un mundo y una realidad ficticios que en esencia no son percibidos como propios. Después de millones de años nuestra atmósfera y biosfera se han estabilizado hasta el punto de proporcionarnos unas condiciones ideales para la vida, pero lo vemos como una casualidad, ni siquiera entendemos que la vida tiene Sentido y Finalidad. Olvidamos esto cuando maltratamos nuestro hogar planetario y sus ecosistemas, que son de hecho un paraíso. Olvidamos nuestro paraíso cuando miramos al cielo buscando a Dios y olvidamos nuestro interior.

El mal, nuestros males sociales y personales son producto de la invención humana, de la propia ignorancia y miedo, del aislamiento de las leyes naturales, de la separación con la naturaleza, de una falta de comprensión acerca de los fenómenos creativos que se producen en la vida. Desde los anales de la historia, una tras otra, nuestras civilizaciones se han hundido estrepitosamente envueltas en la decadencia, la destrucción y la ruina. Estos tiempos no son muy diferentes, el mundo vive azotado por las guerras y las desigualdades, domina el expolio y la fuerza, la ambición y el dinero, el conformismo y la apatía. La mente es materia, y nuestra psique es lo suficientemente poderosa para unirse a pasiones colectivas movidas por masas humanas y proyectar una idea para convertirla en una realidad supuesta y aceptada. La realidad de occidente es devorar la existencia de forma egoica, arrastrando a millones de seres con el fin inconsciente de ocultar su vacío y angustia existencial. Es la incultura egocéntrica del “yo” y el “mío”, que inspira a su vez el materialismo más depredador.

Sabemos que existimos porque “estamos” y “tenemos”. Esta situación compromete el equilibrio planetario, la biodiversidad y el contexto humano, y pone en jaque a las generaciones venideras porque está dañando, de seguro, nuestro complejo código genético comprometiendo nuestra potencialidad eugenésica. Es un hecho que todos sospechamos y que se silencia bajo todo tipo de pretextos egoístas: la competitividad, la necesidad de confort y estabilidad material que caracterizan al hombre moderno alimentan la insaciable maquinaria social, que a un precio muy alto, crea desigualdades y diferencias.. No somos aún una humanidad unida, al igual que no facilitamos que haya unidad en nuestro interior. Y francamente, la necesitamos.

Ocurre con frecuencia que nuestra conciencia permanece dormida y desconectada de nuestro consciente. Se nos dice constantemente que esta es la realidad y que somos conscientes, pero la realidad nos supera infinitamente, no sabemos nada o muy poco de ella, y menos cuando permanecemos alejados del universo en este planeta diminuto. Nada sabemos acerca del orden y la armonía universales, ni como se comunica el universo, ni cual es la finalidad de todo este tinglado al que llamamos mundo. Necesitamos una realidad para superar nuestra orfandad existencial. Así hemos vivido, a salto de mata, cambiando de sombrero con cada milenio, aferrándonos al mundo físico y la materialidad como única realidad concebible. Somos materialistas, no nos importa emitir toneladas de venenos a la atmósfera hasta agujerearla, tampoco abandonar chatarra alrededor de nuestro planeta o convertir los fondos del océano en un vertedero.

Tato Peña
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