ASOCIACION INTERNACIONAL DE INVESTIGACION Y DIVULGACION HOLISTICA

Desarrollo inSOStenible y la conjura de los necios


He colaborado en algunos proyectos de sostenibilidad, entre ellos destacaré el de Misiones en Paraguay 1992-94, tendría unos 28 años por entonces. No daré detalles acerca de la odisea que tuvimos que pasar en Barcelona y luego en Francia y Holanda hasta finalmente aterrizar en Misiones ya que el proyecto que estaba destinado a Camerún acabó finalmente en Sud América. La odisea comenzó exactamente en el 470 y continuó exactamente en San Ignacio, aprovecharé para relatar algunas cosas, buenas y no tanto de lo que allí aconteció.


El proyecto consistía en crear minifundios cediendo a cada familia una casa, un terreno de una hectárea así como herramientas y semillas para cada familia numerosa sin medios de subsistencia. Como la intención no era quedarnos definitivamente buscábamos la manera de que se nos concedieran unas hectáreas en usufructo. Además de esto, cada familia podía disponer de microcréditos y de atención sanitaria por medio de un dispensario y formación a través de la que sería un centro de capacitación rural, en la que se enseñaría materias como agricultura y horticultura orgánica, silvicultura, piscicultura, ganadería menor y pequeñas industrias prácticas (elaboración de productos derivados del campo, conservas, fabricación de tejidos, etc ). La idea de una Universidad Rural gustó mucho a algunas universidades norteamericanas. El proyecto se presento en la C.E.E., pero al parecer preferían apoyar otros proyectos más viables, como son las fábricas de pesticidas. Total, que tuvimos que aportar todo el dinero de nuestro bolsillo y cambiar (por falta de subvenciones) de O.N.G a empresa privada y operar con capital privado. Ah!, por cierto, el contacto inicial con el cual marcharíamos a Camerún estaba más interesado en el negocio de las máquinas tragaperras que en complejos agropecuarios sostenibles, mientras que el otro contacto que operaba desde Bruselas de dedicó a chupar dinero con el pretexto de que era necesario para acceder a las autoridades. Total, que bien o mal, nos confiamos y así transcurrieron las cosas.


El director del proyecto había trabajado para la FAO, con la oficina de cooperación y como director de planes especiales en Cuba. Los otros integrantes del proyecto no teníamos apenas experiencia en el tercer mundo, aunque sí algunos conocimientos sobre diferentes materias. Durante nuestra estancia en Barcelona coincidió con la ley Corcuera, alguien contó barbaridades como que éramos terroristas y que teníamos drogas, armas y un zulo.


Partimos entonces hacia allá varias familias con bastantes niños pequeños y con otros no tan mayores. Había entre el grupo: gente de Uruguay, Brasil, Guinea, y había también catalanes, madrileños, vascos y canarios. Desde Barcelona compramos un taller con maquinaria de carpintería, equipamiento de soldadura, una cocina de campaña, un enorme grupo electrógeno, bombas de agua, equipamiento médico con un pequeño quirófano, y hasta una silla de dentista. Todo tenía que viajar hasta Encarnación, pero entre el camino y la aduana en Montevideo y a falta de pago de los aranceles, nada de eso llegó hasta pasados unos meses.


Una vez en Aregua nos enteramos de que los créditos que nos iba a conceder el gobierno simplemente ya no existían, en parte porque los contactos nos habían engañado y en parte por la mala e impresentable memoria del presidente de entonces, un tal no sé qué Wesmosi. En Aregua dormimos veintitantas personas con bebes y niños menores con tiendas de campaña en una casa prácticamente sin tejado. Después de unas semanas y ya quemados los barcos, después de mucho contactar apareció un hombre interesado: el licenciado Del Valle, que nos cedió ochenta hectáreas en Misiones para el desarrollo de nuestro proyecto. Sin dinero y con una Ford de segunda mano metimos manos a las tecnologías intermedias, o sea, construimos con motores y herramientas súper-rudimentarios varias casas, granjas, y levantamos invernaderos, piscifactorías, huertos, un comedor, una escuela y un dispensario, todo con la sola ayuda de los campesinos, un destartalado tractor, un carro menonita, y los materiales aportados por los comerciantes del pueblo (madera, alambre y pequeñas herramientas básicamente). También se instalaron granjas de yacaré (caimán) y de ñandú (especie de avestruz americana). Incluso vino a visitarnos un tal de la Cuadra Salcedo. El caso es que en apenas seis meses ya habíamos dado trabajo a más de trescientos campesinos entre hombres y mujeres, que cobraban un sueldo de trescientos mil guaraníes al mes (algo inédito para las mujeres). El dinero provenía de nuestros bolsillos sencillamente porque los créditos nunca llegaron el director del proyecto vendió su casa y pertenencias y muchos seguimos su ejemplo. Pero el proyecto no dejaba de demandar y los fondos tocaban ya a su fin. Aquella gente esperó el tiempo que hizo falta, pero un día dejaron de cobrar, por lo que tuvimos que darles nuestros enseres, muebles, máquinas, herramientas y demás objetos de cocina, etc.


Después de un tiempo y agotados nuestros recursos económicos, algunos afiliados a no se partido y su sindicato montaron dentro del mismo proyecto una huelga, la situación se tornó verdaderamente paradójica. Antes de que esto ocurriera ya habíamos recibido amenazas por estimular el colectivismo cooperativo. Se ve que desde el gobierno muchos se avergonzaban de que un puñado de extranjeros fuera capaz de hacer semejantes cosas por un país por el que ellos no habían movido un dedo. Durante este tiempo sufrimos algunos sabotajes y ataques y la incertidumbre extendió su oscuro manto. Para más inri sufrimos un gran temporal que resultó desastroso ya que arrastró granjas y viviendas.


Ante la situación nos fuimos disolviendo y poco a poco el proyecto se fue abandonando. Yo volví a Barcelona hasta después de un tiempo. Me queda el recuerdo de conocer a una gente sencilla y extraordinaria como es el campesinado paraguayo. Me llevé también la profunda convicción de que los cambios en el mundo rural no deben producirse a voces ni ser anunciados, sino mantenerse en privacidad y “secreto”. Solo así se puede burlar al necio y su corte conspiratoria.


Un año después, me embarqué en otro proyecto rumbo a Costa Rica y Panamá, pero eso es otra historia….
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