ASOCIACION INTERNACIONAL DE INVESTIGACION Y DIVULGACION HOLISTICA

El huevo o la gallina


A todos nos han preguntado alguna vez que fue primero: si el huevo o la gallina; pero la paradoja está echada, ya que en definitiva esta cuestión nos llevará siempre a un círculo vicioso. La pregunta tiene trampa y está planteada para que continuemos peloteando entre extremos para encontrar una lógica, claro que sin llegar a ninguna parte.


Huevo y gallina son pues episodios de un proceso, procesos de un ciclo, no el principio ni el final definitivos como se pretende, sino aspectos parciales de una totalidad global. El pensamiento dualista nos separa y disgrega de la unidad fragmentando nuestra razón, volviéndola analítica, haciendo que desmenucemos la realidad para quedarnos aislados en una parte. El pensamiento holístico, por el contrario, sin desdeñar la lógica se inclina más a la espacialidad y la síntesis.


Es importante recordar que dualismo no es exactamente Dualidad, sino una invención humana de origen remoto que acabo convirtiéndose en un modelo de percepción. La Dualidad sin embargo es una cualidad holoversal intrínseca a la UNIDAD esencial de todas las cosas, que escapa a nuestra conceptualización. La percepción dual nos obliga a ser unidireccionales y esto provoca límites en la visión del mundo.


Debido a esta disfunción dual perceptiva, en la vida cotidiana nuestra conciencia no es totalmente operativa al estar condicionada por dos hemisferios cerebrales que actúan de forma escindida: un hemisferio derecho más capacitado para la percepción espacial y sintética de las cosas y un hemisferio izquierdo racional y lógico, más literal y dotado para: juzgar, desmenuzar, separar y analizar. El hemisferio izquierdo es por lo general el dominante y el que se pregunta por la gallina o el huevo, mientras que el derecho se inclinaría a ver las cosas en su conjunto, de manera global. Si el cerebro racional predomina conseguirá, por poner un ejemplo lúdico: que el uno solo vea la gallina y que el otro solo vea el huevo.


Con frecuencia se dice que el cerebro humano es la unión de dos mentes y que cada uno de los hemisferios gemelos es el espejo físico del otro. La información llega a uno u otro simultáneamente de manera que sus respuestas están en armonía produciendo una percepción del mundo en apariencia ininterrumpida y una sola corriente de conciencia, así debería ocurrir. Si los separamos, las diferencias entre ellos se hacen evidentes. Pero no se trata de desarrollar el uno más que el otro, sino de facilitar que ambos interactúen como una Unidad en vez de forzarlos a competir por la supremacía. Por eso hay personas más racionales y otras más emocionales. Ambos deberían trabajar de forma conciliada y facilitar tanto el análisis como la síntesis simultánea, si no es así la conciencia permanece en subdesarrollo, a la espera de ser ampliada.


Nos cuesta poner los hemisferios de acuerdo porque actúan como polos opuestos provocando que se troquelen las funciones intelectuales, emocionales e instintivas. Nuestros dos hemisferios obedecen a nuestro cerebro trino formado por el tronco cerebral y cerebelo (instintos), el sistema límbico (emociones) y la corteza cerebral (intelecto). Son y representan una trinidad que opera con una fuerza activa, otra pasiva y una tercera neutra o conciliadora. Sin trinidad somos duales, tendemos a los extremos y las conciencias resultantes actúan en base a opuestos: lo que es o no justo, lo malo o lo bueno, lo masculino o lo femenino. Nuestro cerebro está especialmente diseñado para la Unidad pero cuando tendemos a un polo u otro negamos la naturaleza global de la realidad y surge el dualismo.


Si profundizamos en el estudio de nuestro comportamiento veremos que también existe una separación en nuestra manera de sentir y de pensar, por eso a veces decimos que la cabeza dice una cosa y el corazón otra. Nos encontraremos incluso con que hay una parte en nuestros pensamientos más afirmativa y otra más negativa. Esto es un reflejo, una extensión de cómo actúan nuestros hemisferios.


En cuanto al dilema de si fue primero el huevo o la gallina, es más creativo plantearse que el huevo proviene de la unión sexual de la gallina con el gallo.


¡El huevo fértil, ya me entienden…!


Para terminar sólo recordar aquellas palabras de Jesús que dicen “Yo soy el alfa y el Omega, el principio y el fin”.









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