ASOCIACION INTERNACIONAL DE INVESTIGACION Y DIVULGACION HOLISTICA

Romper moldes


Romper moldes no es sólo crear cambios superficiales; ni es “dar el pego”, significa replantearnos nuestra vida cambiando la trayectoria vital junto a la visión personal del mundo, todo para lograr el equilibrio y atraer la armonía; aunque las necesidades cotidianas sean muy poderosas, demandándonos tiempo, espacio, y energías.


A muchas personas insatisfechas con sus vidas les gustaría vivir con mas autonomía y plenitud, alcanzar ideales de vida, rodearse de buenas impresiones, de belleza, de gente a la que amar y que no juzgue. Pero nos rendimos cuando en la práctica y debido a mil circunstancias cogemos rumbos no deseados. Principalmente porque se nos educó con “moldes” y porque convivimos con personas que también tienen moldes y que en la mayoría de los casos no saben cómo cambiar, o que ni siquiera ven necesario cambiar nada. A no ser que se encuentren mal y no vean otra salida que forzar un cambio drástico en sus vidas.


Un cambio nunca es fácil pero que una vez echados a andar no deberíamos detenernos sino avanzar hasta sanar todas las heridas posibles y recomponer los errores de una conducta saboteadora y destructiva. Un cambio siempre es una crisis curativa, mental, emocional y corporal, tras él, podemos desintoxicarnos y respirar aires de renovación y cambio.


El problema de lo cotidiano, es que una situación que a fuerza de frases martillo como “así es la realidad”, o “así son las cosas”, o “no puedo cambiarme ni cambiar nada”, se va convirtiendo en una realidad cotidiana con todo su monótono “mañana ya veremos”. El pecado de dejar para mañana es, de hecho, la causa de que lleguemos demasiado tarde o de que perdamos una oportunidad única y extraordinaria.


Cuando las cosas no cambian, sea por dejadez, indiferencia, o desengaño, y dejamos que los años se vayan amontonando, empezamos a desistir de nuestros sueños y acabamos siendo víctimas de la impotencia. Entonces no podemos evitar contagiar y ser contagiados por el amargo malestar que produce la frustración. Cuando llega este momento estamos tan encajados en el molde y tan atrapados en los límites de la no acción, que casi no tenemos espacio, ni aire para respirar.


Es lo que ocurre cuando perdemos la inocencia y somos todo “personalidad”, entonces vivimos por y a través de los otros, dependemos del valor de los objetos, de las modas cambiantes, del consumo desaforado, de la imagen con que nos ha moldeado la vida que nos ha tocado vivir. Total para ser aceptados y para aceptar una realidad ajena, implantada e imitada. Una realidad ficticia que nos crea dependencias.


Llegados a este punto nos volvemos esclavos del miedo a estar solos, a enfermar, a envejecer, a no poder pagar la hipoteca. Son miedos formados en nuestro molde: miedo a la incertidumbre, a lo desconocido, miedo a actuar y a perder, o a no ser aceptados. El molde nos hace esclavos del que dirán, del que pensarán y nos aleja poco a poco de las fuentes de la vida, de nuestra oportunidad de vivir una existencia plena, fluida y creativa. Por eso tan importante que recuperemos la alegría, la capacidad de asombro, la juventud y la inocencia. Que recuperemos ese niño perplejo ante el milagro de la vida y que dejemos de ser alguien que se ha encerrado en el molde de la falsa moral. Simplemente para no ser lo que en esencia somos.


Romper moldes es escapar de la prisión que nos hemos creado para ver el mundo y evitar el sufrimiento, pero cuanto más nos empeñamos en evitarlo más sufrimiento engendramos en nuestra región de sombra, determinando inconscientemente en nuestros impulsos. Comprendo que necesitemos una estabilidad urgente pero no podemos continuar siendo esclavos de todo aquello que depende de nosotros.


Todos tenemos miedo a algo y podemos mitigarlo manteniéndonos narcotizados: yendo al supermercado, hipnotizados ante al televisor o buscando afecto a través del sexo en una discoteca. Hay personas que ocultan su miedo siendo perfectas y comparando; siendo serviciales, trabajando incansablemente en busca de reconocimiento; esperando un ideal inalcanzable, evitando el contacto emocional, estando a la defensiva; buscando placeres incansablemente, manipulando la vida de otros, o no comprometiéndose. Son todas formas de ver el mundo, mecanismos de defensa, corazas psicológicas. Son aptitudes ante la vida, dimensiones, espejismos, mundos, islas, que dan lugar a la neurosis, la paranoia, a los estados obsesivos. El molde se hará tan espeso que casi no nos veremos tal y como somos, sólo la imagen que proyectamos en los demás.


Mucha gente, cuando al final se da cuenta de la causa de su infelicidad, es cuando despierta y es entonces cuando quiere recuperar su autenticidad. Pero tiene que batallar arduamente para romper las espesas capas de cebolla que forman su molde. Cada capa es algo a resolver y un vacio a lo que enfrentarse. Es necesario mucho coraje y una gran energía para liberarse de tanto lastre.


Romper moldes no es aparentar ser diferente, ni hacer cosas excéntricas con ánimo de llamar la atención. No es simplemente “salir del armario”. Es un trabajo de alquimia personal, y de sincero amor hacia sí mismo. Es interiorizar sin engañarse; aunque moleste e incomode, aunque seamos unos incomprendidos…


Romper el molde es recuperar la individualidad, el don, el maestro y el alumno interior; es el derecho esencial de ser “uno mismo”.


Ah!!! solo una cosa mas: ¡Nunca estas sólo…!




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2 comentarios :

  1. Anónimo10/8/09

    hola, creo que los encontre porque los necesitaba..nada es casualidad dicen por ahi, pues estoy en medio de una crisis matrimonial e intento romper cadenas deseo ver claro,estoy consciente de que estoy caida en una intensa depresion pero el problema mas grave es no ver la realidad de las cosas, tengo muchos temores, he perdido la confianza en mi y siento que me estoy perdiendo en un torbellino, gracias por ayudarme con sus comentarios.

    Saludos,

    Nancy.

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  2. Nancy, Tú nos das las gracias y nosotros te mostramos también nuestra gratitud, porque nos hacemos fuertes cuando nos apoyamos, porque nos hacemos grandes cuando aceptamos nuestra pequeñez.

    Escribimos por y para nosotros, por y para todo el mundo, precisamente porque no somos distintos,y como decía Shakespeare: "nada humano me es ajeno".

    Continuamos convencidos (y es un sentimiento que se comparte) de que más allá de la personalidad está nuestra autenticidad y por tanto la personalidad es plástica y está sujeta al mundo de las formas, pero en nuestro interior somos inmensos y eternos.

    Tú también nos has llenado de energía positiva, no estás sola...

    Gracias

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