ASOCIACION INTERNACIONAL DE INVESTIGACION Y DIVULGACION HOLISTICA

Una mente bien amueblada

Cuando se habla de una mente bien amueblada, con frecuencia nos referimos a una persona que tiene la cabeza en su sitio. Es un ejemplo de paisaje interior pero no es un paisaje natural. Para mucha gente la mente es como una casa amueblada por pura necesidad de una realidad fija para albergar una identidad afín a esa realidad.

¿Pero qué entiende una persona cualquiera por “realidad”? Supongo que se refiere a las ideas, a los valores, a las autoafirmaciones que refuerzan la personalidad. Cosas que se aprendieron con la educación y la cultura del lugar, cosas que sirven para interactuar en la vida. Pero cada individuo tiene su forma de amueblarse: el perfeccionista buscará obsesivamente el orden, la persona muy emotiva se amueblará con elementos afectivos y la desconfiada con barreras de defensa. ¿Pero qué ocurre cuando todo se desestabiliza y lo que antes estaba amueblado cae en el desorden?. Esto es mucho más frecuente de lo que parece. ¿Y si tras los muebles perfectamente emplazados y que llenan todos los espacios hay, después de todo, un gran vacío?


Me parece una cuestión importante el tema de la crisis. Hay muchas personas que miden su grado de desarrollo en las pertenencias, objetos, en el grado de confort y comodidades, sobre todo en la necesidad de aceptación social, los méritos y el prestigio personal. Estas cosas –que en realidad no son valores- se convierten en el material que amuebla la casa de muchos seres humanos, y también la propia cabeza. El “yo” que reclama lo hace por derecho ya que permite a la persona sentirse segura, protegida, y a salvo de sobresaltos. Pero ¿y cuándo el individuo pierde su trabajo y no puede mantener su status ni su imagen con respecto a la sociedad? ¿Entonces se viene abajo con todos sus muebles mentales?. Surge el fantasma de la incertidumbre y el propio paisaje interior se torna inestable y especialmente confuso. No se puede pensar bien, no se puede comer ni dormir bien. Aflora el nerviosismo, la ansiedad, la irritación, la ira, la angustia. Lo que antes era una mente amueblada, ahora es la mente de un paciente del psicólogo, que luego necesitará ser amueblado por la ciencia del psicólogo, y si no funciona: de antidepresivos o ansiolíticos.

Cuando una persona pierde la autoestima ni siquiera presta atención a sus muebles, ni al lugar que ocupan. Ocurre algo muy similar cuando una persona se encuentra depresiva. Por tanto, tener “la mente bien amueblada” no es siempre garantía de que todo esté realmente en su lugar, y mucho menos de que los muebles estén ocupando un espacio real. Ocurre porque el “pequeño yo” puede ser amueblado, porque es pequeño y con límites. Pero el YO NATURAL no deposita su valor en objetos externos sino en experiencias y riquezas internas. Y lo más importante: el paisaje del YO NATURAL no tiene límites, puede o no tener muebles, lo que verdaderamente importa es que el horizonte es tan vasto que tiene toda la madera y los recursos que precisa para amueblar cómo, cuándo y dónde le plazca.

La razón es que “no teme al vacío”.


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