ASOCIACION INTERNACIONAL DE INVESTIGACION Y DIVULGACION HOLISTICA

Egos mundanos

Estoy en una mesita pequeña y redonda, los niños revolotean aquí y allá, los cochecitos de bebé circulan por la calle peatonal, con sus papás y mamás entretenidos con su conversación o con las cosas que ofrecen los escaparates. Unos ancianos pasean sus perritos que ladran incontinentemente a todo canino que encuentra a su paso. Una furgoneta comercial se hace paso impertinentemente entre el gentío, aparca en el vado y descarga unas cajas. Más abajo dos chavales discuten, al son de la música house que rechina de los maqueados coches. Un señor me observa y lo miro, luego esquiva su mirada. Son personas, que como yo transitan no sólo en lo calle, también por la vida.

Cuando abro mi ordenador (que es también mi oficina) me encuentro con un mensaje: alguien me recuerda que soy un “gran ego”, y que lo que hago lo hace mi súper-ego. No es que me halla estropeado el día, pero me deja meditando: claro que es cierto, soy un ego, pero es sólo cuanto soy y tengo. Cuando me encuentro ante esta situación intento ver lo que no soy, pero antes de bañarme en el nirvánico océano de lo impersonal fui prepersonal, soy personal y siempre seré transpersonal. Quien me acusa de ser un ego olvida que no olvido esto. Me encuentro entonces con que soy un círculo encerrado en el ego y abierto en el no ego. Alguien en pugna con lo que es y no es, que se autoengaña y desengaña. Pero no es una conclusión mental sino algo que siento. Como siento,- me equivoque o no- que el ego no es algo que hay que destruir, ni matar o aniquilar, sino transformar, o mejor dicho reeducar. Como se que no se educa solo, sino que necesita ser despertado por los demás.

Si el ego es nuestra personalidad, siempre podrá ser modificado, ¿Pero por quién o qué? . Desde luego no puede ser por el súper ego ni por el no-ego, eso sería negar la existencia de lo uno y de lo otro. Si “mi ego” es “mi yo”, aun me queda “mi Yo”, y “mi YO”, todos conforman mi ser, mi Ser y mi SER; así hasta llegar a lo que no es ya mío, a lo que es de todos que es el TODO, o sea, el HOLOSER. El problema no es tanto ser un ego como ser antropocéntrico. Nadie puede ser “solo personalidad como “solo esencia”, somos en origen ambas entidades conciliadas.

Continúo leyendo el texto. La persona que me reprocha ser un ego parece ser un amigo, que al parecer critica que” un ego como yo haga tantas cosas con ego”, o sea, tantas cosas egoicas. Supongo que pretende decirme que estoy equivocado, que soy un egotista y que por supuesto no cree en lo que hago, porque todo cuanto hago es además de mecánico egoico y egocéntrico. Dice todo eso porque está seguro de creer conocerme, de cuál es mi naturaleza y del sinsentido y despropósito de todo cuanto pienso, digo y hago. Es una crítica con interrogantes ¿Qué sabe el ego de nada? ¿No ves que el ego es un parásito? ¿No ves que el ego se da una importancia personal excesiva y vana? ¿Es que acaso no te das cuenta de que todo cuanto hace tu ego es una mentira, una patraña…? -Te conozco, te conozco bien y no eres lo que dices ser, -pensará para sus adentros-: vendes cursos, talleres, y un nuevo mundo, pero lo que haces es venderte TÚ,- me recuerda-.

Mi amigo defiende así su tesis-hipótesis-teoría- análisis de que me vendo, y de que por supuesto el conocimiento ni se compra ni se vende. Vaya, vaya, mi amigo no parece estar muy al día, ya que no parece enterarse de que “él mismo es mercancía”, primero porque sirve directivamente a una multinacional del expolio que participa de la desintegración del mundo y porque no se entera de que aquí en el mundo todos comerciamos y vampirizamos con energía. Unos pegando la mala leche a otros, otros maleducando, otros desconfiando, otros increpando, otros cuestionando y descalificando, junto a otros que aman, comparten, informan, educan y transmiten. Allá cada uno con lo que discierne y con lo que dice y predica; el criterio esta ahí para algo y la intuición llega más lejos aún que el criterio. La gente pasada de vuelta: vieja, sosa, rebellada, y enmohecida, que sólo cree en sí misma, no quiere saber nada de paradigmas, sólo conservar su culo y su insulsa vida. Puede que haga comercio con el ego, pero de seguro no lucro, ni siquiera tengo un seguro de muerte, ni de hogar, vivo de alquiler, me cuesta llegar a final de mes, no cotizo, y mucho menos tengo la pensión ni la vejez asegurada. En cuanto a vender un nuevo mundo, eso me queda pero que muy grande. No vendo un nuevo mundo, soy sólo una pieza más de él, y sentirme una pieza clave es la forma de moverme activamente, es la forma como cada ser humano, individualmente, se siente un componente único y creativo en el mundo. El Nuevo Modelo Humano existe desde los orígenes del mundo, nadie intenta vender la moto de que tal modelo deba ser así o asá.

Mi ego sabe o cree saber o imagina creer, que el ego de este “amigo”, está en cruenta lucha, más incluso con “mi ego”, que consigo mismo. Lo imagino tras una mesa, tecleando solitario y desencantado del mundo y de su propio ego. Mi ego lo imagina frustrado, porque después de su rutinario trabajo -que ante todo le asegura seguridad y confort - hay alguien cuya mente se descarna, pero cuyo cuerpo se encarna. Su ego hiper-intelectualizado sufre y se proyecta, se contrasta y compara emocionalmente conmigo y con el mundo.

Cree estar activo y comprometido, como cree creer que cree, y sobre todo necesita creerse a sí mismo, que sólo desde su no ego se mantiene en la inocencia, pero no arriesga nada más que cuanto hay entre sus dedos, las solitarias teclas y la mesa. Repite así, en su aislamiento, la letanía constante, día a día, pensando, imaginando y convenciéndose de que todo viene a él en la “no forma”, de que su zen conveniente lo conforma en el mundo. No se expone al desnudo entre un colectivo si no en la egoico campana de aislamiento entre un escritorio y el vacío ordenador. En el fondo se halla tranquilo, porque en un mundo de egos y máquinas, -según él- no hay solución ni salida posible, claro que ni para él ni para nadie. Su depresión es por tanto la tristeza del mundo y yo soy tan sólo un ego optimista más, que lo molesta porque no cuenta con él para construir quimeras.

Quizás le vendría bien dejar su trabajo, dejar de pagar su hipoteca, olvidarse de su seguro de vida, hacer las maletas y quemar los barcos. Su ego sentiría un gran alivio, aunque quizás sea precisamente su “no ego zen” quien se lo impida.

Mientras, transcurrimos con nuestros egos y mundos por el mundanal mundo.




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