ASOCIACION INTERNACIONAL DE INVESTIGACION Y DIVULGACION HOLISTICA

El rito de las etiquetas y los san Benitos



Hablar demasiado, criticar, cotillear; tomarnos las cosas a lo personal, enfadarnos por cualquier cosa, ser impacientes, dudar de todo, desconfiar de los demás, ser usurero o egoísta, sensiblero, apático o escandaloso nos llevará tarde o temprano a ser portadores de una “etiqueta”, que queramos o no, sea o no justo, para bien o para mal, habremos ganado por méritos o desméritos propios. Como también podemos ser etiquetados simplemente por ser diferentes u excéntricos. Es algo que en ambos casos nos ocurre a todos, en el hogar, en la calle, en el trabajo y muy, muy por lo general a espaldas nuestras.


Nunca he soportado ninguna “etiqueta” porque a la larga acaban siendo una cruz, un estigma. En cuanto intuyo que alguien se quiere hacer una idea definitiva sobre mí para luego juzgarme o encasillarme, desaparezco de su campo de visión, y por supuesto de su vida. Más que nada porque buscará testigos para su juicio, y los encontrará sin duda entre sus allegados, amigos y conocidos (a los que también tiene etiquetados, por supuesto).


A nadie le gusta llevar colgado un san Benito encima todo el tiempo, y menos cuando es inmerecido. Pero no nos engañemos, hay cantidad de gente que se lo cuelga solita, e irremediablemente, porque una y otra vez no deja de repetir la cantinela de su vida, con los mismos roles y esquemas. Supongo que es por aquello de “así soy” y “esta es mi forma de ser”. Así en cada barrio hay una “chismosa”, “un cantamañanas”, el “borracho”,” la “pupas”, “el presuntuoso”, el “raro”, ”la bruja”, “el pijo”, “el cornudo”, “el pesetero” o la “calienta huevos”. Tras el mote hay un variopinto personaje, y tras el personaje un historial. En fin, que la etiqueta forma parte indiosincrática de la extensa fauna social como una necesidad -supongo- de tener focalizada a la gente.



Tras la dichosa etiqueta, el mote o el San Benito que por lo general se nos endosa desde muy pequeños como de adultos también puede haber una crítica constructiva, un mensaje aleccionador, además de un intencionado prejuicio. Todo depende de sí mismo y de las circunstancias. En el caso de que la etiqueta signifique una llamada de atención hacia nuestro comportamiento es importante interiorizar, para hallar la que es o podría ser una manía, un defecto o una fijación conductual. Cuando la etiqueta no viene al caso y existe un claro sentimiento malévolo sólo podemos pasar de todo y mantenernos al margen de esas personas, desorientándolas y rompiéndoles aún más los esquemas si cabe.


Cuando nos identificamos con la etiqueta que se nos empaqueta, nos condicionamos y no podemos estar todo el santo tiempo tomándonos las cosas a lo personal y considerando interiormente. El san Benito se extiende boca a boca entre la gente convirtiéndose a la larga en un prejuicio que pesará como una losa sobre nosotros. Es lo que la gente espera exactamente de nosotros basando su juicio en que no podemos o no sabemos cambiar. Si observamos las formas mecánicas de respuesta que adoptamos ante las circunstancias, encontraremos que seguimos un patrón en automático. La gente cree conocernos porque somos previsibles, y sabe exactamente que cara vamos a poner y como vamos a reaccionar. Siempre es posible cambiar en nosotros aquello que empieza a caracterizarnos y que puede convertirse en una fijación. La forma de evitar este círculo cerrado es ser diferentes, actuar de la forma que el otro no espera, ya se que es difícil, pero en poco tiempo podemos deshacernos de la odiosa sensación de estar estigmatizados.


En todo caso depende de nosotros que la dichosa etiqueta permanezca o desaparezca. Todos somos susceptibles de adoptar comportamientos mecánicos que luego derivaran en rutinas y hábitos de los que es muy difícil deshacerse. Lo bueno es no identificarnos con la etiqueta que se nos asigne, ya que puede alimentar en nosotros un complejo o una forma de mecanismo de defensa contra un mundo que nos juzga. En cambio, si nos tomamos las cosas de otra forma: por ejemplo para crecer personalmente, sí podemos aprender mucho de la etiqueta o el san Benito de marras. Venimos al mundo con unas tendencias esenciales que constituyen nuestro carácter, y venimos también para adoptar una personalidad que luego en base a patrones socioculturales se irá determinando.


En fin, si no queremos ser encasillados o etiquetados, lo mejor es no juzgar para no ser juzgados.



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