ASOCIACION INTERNACIONAL DE INVESTIGACION Y DIVULGACION HOLISTICA

CineTerapia: una forma de educar


Un artículo en la “contra” de la Vanguardia de septiembre narra como un padre halla el modo de comunicarse con su problemático hijo de 16 años, un chaval falto de motivación y de autoestima que apenas dirige la palabra a su padre. Su aptitud cambia al visionar films diarios, que padre e hijo comentan juntos. Hoy, al parecer, el joven estudia cine con gran entusiasmo.

De niño me encantaba coleccionar recortes con portadas de cine, en mi barrio había pocos televisores a color y apenas despuntaba el VHS. Me crié en un barro industrial de Tenerife, justo haciendo pared con el vetusto cine España en el deprimido Taco. Empecé a ir al cine para hacer compañía a mi madre, luego descubrí que desde la azotea de mi casa podía también verlas. A través de las ventanillas de madera que servían de ventilación, me conectaba con la magia del cine, entre las ranuras de los gastados ventanucos, sentado en un cubo de pintura y justo al lado del tendedero. Allí seguí la saga de Huang Yu el Invencible, y vi “Perros de paja”, “Metrópolis”, “La Guerra de los Mundos”, y “El maquinista de la general” de Buster Keaton entre muchas otras películas. Un día el cine España cerró, en adelante tuve que bajar caminando al conflictivo barrio de santa Clara. Me encontré a Espartaco, El Padrino, Encuentros en la Tercera Fase, el Exorcista, Odisea 2001, la Naranja Mecánica y la Invasión de los Ultracuerpos. El cine costaba menos de un euro y con frecuencia yo era el único que habitaba la sala, lo que generaba una atmósfera muy íntima y extraña entre la pantalla y yo.



El cine causó un gran impacto en mi imaginación, me ayudó a abrir los ojos al mundo, mostrándome cuánto hay de mentira y cuánto de verdad. Con el tiempo comprendí que la vida es también una ficción y que las personas vivimos ficciones que tomamos como realidades. Muchas personas van al cine no sólo a entretenerse, van a soñar, a desear lo que no tienen, a imaginarse efímeros héroes o princesas. El mensaje que extraigamos depende de nuestro estado, del interés por hallar respuestas y nuevos interrogantes. No importa lo mala que sea una película, siempre tiene algo que mostrar, que enseñar, aunque sea una birria sin contenido ni mensaje. Cuando salía del cine no podía dejar de ver actores y guiones por todas partes, en la calle, en el colegio, en casa... El cine vertía imágenes en la vida, sueños, ilusiones e ideas, prototipos, esterotipos y modas.


El primer contacto con el cine como terapia lo tuve con el amigo filósofo, Jordi Clotas, que lo empleaba como apoyo en la terapia existencial que aplicaba. Jordi conserva aún hoy una gran colección de películas, me arriesgaría a decir que los mejores films del séptimo arte.


A diario intento visionar y compartir películas, que hagan pensar, que emocionen, inquieten y transformen. Entre las últimas hemos rememorado en casa “Matrix” una joya..!, y la cuántica “Revolver” nos pareció tan magistral que volvimos a repetir de nuevo. Nos encantó el contenido onírico de “la Fuente”, y nos emocionó el argumento de “Cerezos en flor” de Doris Durrie, una película intimista que encara la muerte una gran carga de sensibilidad y realismo.


Me parece una lástima que se destine tanto dinero al mero entretenimiento, a tanta “nadidad”. Sobretodo cuando hay tantas cosas por decir... por mostrar... y por enseñar.


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