ASOCIACION INTERNACIONAL DE INVESTIGACION Y DIVULGACION HOLISTICA

Del Edén al desden

Hay quien aún piensa que el paleolítico era una época de barbarie, de salvajes básicos y con mínimos de intelecto. Existe también la opinión de que el paleolítico representó un periodo de declinación de lo que otrora fueran civilizaciones avanzadas cuya memoria se perdió en el tiempo. ¿Los aborígenes de hoy serían acaso trasnochados y nostálgicos sucesores descendientes de aquellos pueblos o culturas notables?. Pero degeneraron o han quedado estancados evolutivamente. Muchos pueblos indígenas actuales rememoran oralmente aquella gran epopeya dorada , en forma de leyendas, ritos y tradiciones. Son testimonios de un paraíso terrenal cuya memoria se pierde en el confín de los tiempos.

El paraíso terrenal que pensadores, poetas y místicos han intentado hacer emerger de la memoria y la conciencia de los pueblos de nuestro planeta como la Atlántida, Lemuria o la civilización Hiperbórea no es una absoluta fantasía, pudo ser una posible realidad. El ser humano pudo habitar ciertamente en el paraíso, pero lo perdió o lo hecho a perder para siempre. Ocurriría por muchas razones, pero la más posible de todas hubo ser la perdida de la “inocencia” a causa de la aparición de los males de siempre: el egoísmo, la ambición, la ira, el orgullo, la avaricia, la pereza, la envidia, y cómo no!!!, el miedo y la incertidumbre.

Situar ese paraíso perdido en la época paleolítica no es del todo absurdo. Es cierto que tras los cataclismos y una vez desaparecidas los anteriores paraísos terrenales, pudo haber un nuevo emerger humano reconectado simbólicamente a la naturaleza, un resurgir del filum. Una vez el planeta estabilizado: gravitatoria, atmosférica, geológica y biológicamente; con un clima benigno y nada riguroso, tierra abundante y fértil que daba más de lo que las gentes necesitaban, y cuando la vegetación era frondosa y variada y el agua discurría por doquier desde los nacimientos y los manantiales hasta los arroyos y lagos, el paraíso ciertamente hubo de existir. Si teníamos hambre estirábamos el brazo para coger el fruto que nos apeteciera y si teníamos sed nos acercábamos a un fresco remanso bordeado por verde musgo y húmedos helechos; si estábamos cansados o con sueño nos preparábamos un lecho o un catre con hojas y a dormirla. La tierra era nuestra morada, había lugares arbolados y lugares soleados, todo crecía por doquier. Como éramos recolectores no teníamos que disputarnos nada, ni con los otros animales, ni con otras gentes. Los pueblos vivían en armonía porque no existía la competitividad, la naturaleza daba cuanto se necesitaba, vivíamos sin temor a envejecer. Nuestro cerebelo en la nuca se re-estructuraba, el cerebro de nuestra cola re-conectaba.



La paz y la armonía se derrumbaron al llegar la oscuridad del neolítico cuando acostumbrados a vivir sin preocupaciones, empezamos a desconfiar, a calcular y premeditar, a valorar ganancias y pérdidas, a elaborar estrategias para ganar. Dejamos de ser recolectores y nos volvimos más carnívoros y agresivos. Con el egoísmo y el sentimiento de propiedad empezó a echarse a perder todo: se perdieron valores inspirados en la fraternidad y la confianza y enfermamos. Se vallaron tierras y cercaron los poblados, se establecieron fronteras protegidas por soldados y surgió la propiedad, la explotación y el capital. Se edificaron ciudades-estados con sus poderes fácticos, con sus clases y castas.

Una humanidad como totalidad se dividió e hizo fragmentos, dejo de estar unida a la naturaleza por la inocencia. Fue, de suceder así, un trauma que aún no hemos superado. Ahora somos híbridos desarraigados y disminuidos; sujetos ilusos, sin identidad y sujetos a una identidad ilusoria. Ya no podemos estirar el brazo, tenemos que estirar el codo y vivir dándonos la espalda y sospechando, temiendo perder aquello que no nos pertenece pero que con urgencia necesitamos necesitar, algo que sea nuestro, o tuyo, o mío y no de otro.

¿Fue esa la caída del Edén? Podría serlo, pero una historia empieza donde acabo la otra y los cataclismos se ocuparon de borrar todo rastro para dejar quizás algún rasgo, que aún nos maravilla. Lo que queda claro es que ser humano no se hizo a sí mismo, sino que surgió y se forjó en el gran taller de la vida, en el laboratorio de la naturaleza, en la gran factoría del kosmos.

El sentido de nuestro origen continúa siendo el sentido de nuestra existencia.



Comparte en Google Plus

Sobre Círculo Holístico

ASOCIACION NTERNACIONAL DE INVESTIGACION Y DIVULGACION HOLISTICA

0 comentarios :

Publicar un comentario

Bienvenid@ al Holo-Blog

Si vas a dejar un comentario hazlo sin tabús y si tienes sugerencias hazlo con respeto , nos ayudará a crecer cualitativamente.

Gracias por participar!!!