ASOCIACION INTERNACIONAL DE INVESTIGACION Y DIVULGACION HOLISTICA

El niño miente porque la sociedad miente



Evidentemente un niño puede mentir por imitación de la falsedad de los padres. A
un niño le resulta imposible ser veraz en un hogar donde el padre y la madre ya
no se quieren. La miserable ficción que tiene que aparentar la pobre pareja no
puede engañar al muchacho, que entonces es arrastrado a un mundo irreal
imaginario de simulaciones.
A.S. Neill.

Vivimos en una sociedad que se miente a sí misma y que por eso miente descaradamente; vivimos pues en una atmósfera de mentira consentida y constitucional. No hay malos malísimos dirigiendo la patética película del mundo, sino gente muy corta y con muy pocas luces, gente patana y descerebrada que no tiene escrúpulos porque carece de los mínimos de conciencia. Tan patanes como ellos somos los que los seguimos o callamos como corderos al matadero. La sociedad miente cuando dice que los medicamentos curan, cuando dice que nacemos en pecado. Como miente la publicidad que nos promete el poder de comernos el mundo y la juventud eterna. Mienten las aseguradoras; mienten los médicos y los psicólogos del tres al cuarto, y mienten las etiquetas y los prospectos. Siempre miente Hacienda como mienten los banqueros que sólo respiran dinero. Mienten los juristas y sus arbitrarias leyes. Miente la torpe policía y los estultos generales. Mienten los educadores como mienten sus indefinidos programas. Mienten los economistas, la puta bolsa, los sociólogos y sus falseadas estadísticas. Miente el loro-telediario, el cotorro-periódico, los flipi-dibujos animados y las películas de amor y de súper acción. Perversamente miente la prensa amarilla y la rosa como lo hacen las pitonisas y adivinos y o los que prometen la vida eterna y la reencarnación. Miente la música y los Peter Panes artistas. Pero muy por encima de todo mienten los políticos, con sus verborreas sinápticas y sus aborregados abogados del diablo. Son mentiras insolentes y toleradas, entremezcladas con pequeñas y diáfanas verdades que sólo un espíritu despierto capta.

No se quién dijo que la verdad salía del estanque de la mentira, pero no se equivocaba. Nuestra pobre conciencia debe tribular entre objetos engañosos y códigos desvirtuados, y nuestros hijos aprenden de muy pequeños a sobrevivir en la gran mentira “sucial” porque creen de verdad en sus padres y en la realidad que los mangonea, hasta que se les defrauda.


Los adultos casi no tenemos remedio porque nos hemos habituado al autoengaño y vivimos impotentes en un maya-clima de permanente sugestión. Nos comemos los chismes que circulan y fingimos hipócritamente, y si no lo hacemos así difícilmente sobrevivimos a la jungla. Pero ¿y los niños? Ellos se levantan temprano para comerse los manga-tontorrones de la mañana y los martilleantes anuncios de juguetes y chucherías. Luego en la escuela aprenderán como los loros, repitiendo retahílas e imitando gestos que luego en casa les aplaudiremos. Comerán mucho pan con Nocilla, galletas Príncipe con chocolate, barritas de pollo precocinado y arroz a la cubana con patatas ultracongeladas. Se cepillarán los dientes con fluor y la lengua con explosivos bactericidas. Los bañaremos cada día y les enseñaremos a llevar colonia, desodorante y polvos para el olor a pies. Llevarán Adidas y Nike porque son caras y muy buenas. Se los vacunará experimentalmente de la gripe A y se les obligará a poner la vacuna del papiloma. Se les dirá que comer pan con paté La Piara y margarina Flora alimenta y que la leche a todas horas es imprescindible porque tiene mucho calcio, aunque sea aguachirri y las vacas sufran mastitis o la leche sea tratada con antibióticos.

En la escuela los enseñarán a aprender de memoria porque no hay tiempo para comprender, sólo para aprender y repetir. Les dirán que sólo hay vida donde hay agua, y que las teorías y las hipótesis son también verdades. Les dirán que siempre son libres de elegir de qué quieren ser esclavos. Ingresarán en un sistema que los induce desde bebés y los convierte en autómatas.

En una sociedad llena de mentiras a los padres nos resulta muy difícil ser sinceros, y en las mentiras paternas hay una gran ignorancia del daño que se le hace al niño. Pero si somos libres, si pensamos por nosotros mismos en vez de ser pensados, la mentira ya no pasa inadvertida, porque la ignorancia como la inconsciencia no ocupan tanto tiempo ni espacio.

Cuando sabemos cómo y dónde se teje el engaño y la falacia sucial, llevamos cierta ventaja y podemos advertir a tiempo a nuestros hijos, aleccionándolos sin miedo a descorazonarlos o desilusionarlos. Ilusión viene de iluso, y todo iluso vive en un limbo de levedad, infeliz felicidad y soporífera inconsciencia. Otra cosa es la esperanza y la fe en el mundo a través de sí mismos.
Por eso, en una sociedad libre, que no miente ni se miente, los padres libres como los hijos crecen, maduran y son libres, no en la libertad escapista de turno, sino en la “libertad consciente”. Asumir que el pobre mundo que se nos impone es tan imperfecto como inepto, es crecer y madurar donde más duele…

¡Ah! ahora que recuerdo.., sí que hay unos dibujos animados que no mienten: los Simpson..!!!

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2 comentarios :

  1. Claudia9/9/09

    Soy madre, recien divorciada y con dos niños a los que amo. Leer este artículo me ha dado más fuerza para creer que lo que he hecho lo he hecho por amor a ellos y por amor a mi.
    Parece mentira que pueda entenderme y sentirme entendida por personas a las que no conozco mas que por mi propia familia.

    Gracias por lo que hacen.

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  2. Todavía más nos sorprende a nosotros el no haberte ofendido con un artículo como este, porque es AMOR lo que nos empuja a escribir...

    Bienvenida Claudia y Gracias por ser y estar

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