ASOCIACION INTERNACIONAL DE INVESTIGACION Y DIVULGACION HOLISTICA

Mentes contaminadas: juzar o no juzgar (Francisco Cañizares Rute)

Vamos por la calle, ya sea tranquilamente ya sea con prisas y, a través de los sentidos, vamos percibiendo información que llega a nuestro puente de mando, a nuestro cerebro; éste la procesa a unas velocidades que dejarían en evidencia al mayor ordenador construido por los humanos ¿Quién dice que nuestro cerebro es malo? ¿Quién dice que él no emite juicios de valor apriorísticos? Somos unas máquinas de juzgar. Sí, ya lo sé, muchos diréis ¡yo no! Por momentos queremos desmarcarnos de comportamientos proscritos en la new age; a veces nos negamos a reconocer conductas típicamente admitidas del pensamiento humano por simple esnobismo.



Lo cierto es que todos, a excepción de almas puras que no habitan en este planeta, sometemos situaciones, conceptos ideas, comportamientos y demás, a nuestro gran juzgador. Es cierto que hay personas que son más modestas que otras, o que tiene el ego más domesticado. Lo que no creo, en absoluto es que alguien haya llegado a convertir su cerebro en una tabula rasa. Las ideas que circulan por nuestro cerebro son sometidas, en millonésimas partes de segundo, si se quiere, a “un juicio”. Y el juzgador que llevamos dentro ¿es libre?, preguntaría yo. Creo que en absoluto. Nuestro juzgador, por mucho que sea un elemento contaminante, o incluso un tirano, de nuestra mente existe y es consustancial a nuestro ser. Consustancial no en el sentido en que sea sustancia ya que nuestra mente no tiene materia, por lo menos hasta donde hoy llega la ciencia, pero haberlo haylo. Los juicios los hacemos a velocidad de vértigo, y hasta es fantástica la velocidad a la que nuestra mente consulta todos y cada unos de los archivos más superficiales o más profundos de nuestro cerebro. La consecuencia es tan veloz como el proceso invertido en ello. La pregunta consecuente sería: ¿nuestro juicio es objetivo o subjetivo? La objetividad no sé si existe, pero lo que creo es que todos somos subjetivos cuando pensamos. Sí, es una evidencia pero, ¿los resultados de nuestros juicios de valor son justos en la medida en que no son objetivos, y están mediatizados por nuestros condicionantes personales?

Claro, habrá quien no haga juicios de valor, pero éstos son los que prejuzgan. Prejuzgar es mucho peor que juzgar. Aunque el acto de juzgar, en sí mismo, pueda resultar más o menos deleznable, quién lo realiza hace un esfuerzo, mínimo si se quiere, pero somete a su consideración hechos, actos, comportamientos o situaciones de otros. El resultado, a la postre, igualmente no será libre, pero el individuo tiene un cierto grado de timonaje sobre su pensamiento. En cambio el que está impregnado de prejuicios no interviene personalmente en el valor de aquello que ve o vive ya que tiene etiquetados y clasificados, con la sentencia directa aplicada, todos y cada uno de los comportamientos y situaciones de una forma previa y, además, él no ha intervenido en tales etiquetas sino que le han sido exportada, y no digo importada porque ello representaría un esfuerzo, minúsculo si ustedes quieren, pero esfuerzo. En este caso el sujeto prescinde y renuncia a su libre albedrío, en la medida en que lo sea y, si me permiten, ésta es la actitud de los seres más prosaicos e indolentes, con un comportamiento robotizado, por cierto, por decirlo de una forma amable.


Francisco Cañizares Rute


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