ASOCIACION INTERNACIONAL DE INVESTIGACION Y DIVULGACION HOLISTICA

Paseito por la vida, paseito por la muerte




Peliaguda cuestión, que tanto quita el sueño y hasta el aliento. La muerte no ha sido aún resuelta, es el gran misterio pendiente, la dimensión más desconocida. Nadie vuelve para contarlo, y aún en el caso de que ocurriera como en con ciertos casos de supuesta muerte clínica, apenas refleja rasgos de un leve paseo entre mundos, siempre fuera del absoluto dominio y control de nuestra consciencia y voluntad. Sea como fuere, tal paseo no supone más que una ínfima experiencia, irrisoria frente al descomunal misterio. La mayoría de las personas que lo cruzan, cuando retornan, apenas sufren una transformación hacia mayores cotas de consciencia y plenitud. No es tan fácil dejar de ser lo que no se es.

Suele ser muy socorrida la visión de vernos desde afuera, desdoblándonos o saliendo vaporosamente del cuerpo, para seguidamente recorrer un largo pasillo o túnel, en el que se entremezclan recuerdos y visiones futuras y pasadas a menudo con imágenes y presencias. Al parecer al fondo del largo pasillo hay siempre una luz. Es una experiencia que trasciende el miedo, que sobrecoge a muchos y que es aparentada como indiferente a ojos de los escépticos. Yo, la verdad, no lo encuentro tan sobrenatural, no veo como paranormal el hecho de ser partículas electrónicas desorientadas y necesitadas de un centro gravitatorio. Lo verdaderamente sobrenatural es VIVIR, lo paranormal es encontrarnos a nosotros mismos.



Es frecuente ver formas espectrales a las que se llaman fantasmas o espíritus, vagando perdidas, perplejas y sin rumbo, como si no comprendieran lo que son y fueron. Almas en pena que echan de menos a otros seres o cosas que tuvieron o que no obtuvieron. Es una cosa que no ignoro porque desde niño me viene ocurriendo -gracias a dios- ocasionalmente. Ver muertos no es nada nuevo, puede ser hasta normal; lo anormal y lo infrecuente es descubrir cuál es el sentido real de nuestras vidas. Los muertos ya entierran a sus muertos.


El tema del pasillo y la luz se ha convertido en un clásico defendido a quemarropa por mercaderes de lo paranormal y ha servido de manido argumento a infinidad de literaturas y films que repiten la fórmula hasta la saciedad. El final es siempre el mismo: la tensión entre las fuerzas del bien y el mal, entre la luz y la oscuridad. Finalmente aflora la necesidad de una conciencia que necesita urgentemente ser conciliada. ¿Qué he hecho bien y qué he hecho mal?, ¿Dónde y en qué me he equivocado?, ¿Cuáles ha sido las acciones, reacciones y consecuencias de mis actos? Ah!, y la socorrida venganza, que tanto ponzoña y medra, hasta que al final es resuelta es sólo una representación de nuestra desdichada existencia.


Cuanto más elucubramos menos conocemos sobre la muerte. Es un misterio que nos supera, que nos puede y cuya sola presencia atenaza nuestras vidas. Al final desapareceremos y necesitaremos un cielo, quizás reencarnarnos, transmigrarnos o lo que sea; o por el contrario asumiremos que desparecemos y dejamos de existir, para ser quizás otra cosa. Es un viaje que se hace solo, con una conciencia y un vehículo propio, no es cosa de ensueños ni de masas.


La muerte nos recuerda que tenemos una única oportunidad para vivir, y que siempre podemos hacer y ser mucho más de lo que hacemos y somos. Nuestra tridimensionalidad nos impide ver mas allá de nuestros ojitos miopes de ratón confortados en la visión de un único queso. Podemos estar vivos y ser muertos en vida o bien podemos morir y volver a nacer en vida, todo eso será siempre más importante que vivir sin más, que morir sin más.


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