ASOCIACION INTERNACIONAL DE INVESTIGACION Y DIVULGACION HOLISTICA

Sueños apocalípticos (Dune)




En momentos de dificultades nos invade el pensamiento de cómo podría ser el fin del mundo. Muchos incluso podrían atisbar como podría ser el fin de su propio mundo, sin embargo nos reconforta pensar en un final de todo para todos; como si alguien, de sopetón, apagara la luz.

Busco obras con fondo transcendental, con sentido de humanidad, con filosofía de vida y, por qué no, con filosofía de muerte.

La película recientemente estrenada, The Road (La carretera), se basa en la novela de Comac McCarthy, y plantea una situación que la mayoría de las personas nos hemos representado: el fin del mundo.

Curiosamente, la mayoría de las personas no nos imaginamos el fin del mundo al estilo Bíblico. Muy poca gente, ni tan siquiera los más devotos católicos, creen que el fin del mundo se solucionará en una inmensa pradera en la que se llevará a cabo el llamado Juicio Final. No, no nos lo imaginamos así. La mayoría de las personas pensamos que se producirá un cataclismo. No sabemos de qué naturaleza, ni de qué intensidad, pero nos imaginamos que habrá de ser algo nefasto; algo tan angustioso que todos, en nuestro fuero interno, pedimos morir con normalidad y no tener que vivir la decadencia y final de la raza humana y, probablemente, la del propio planeta.

Y nuestros temores no parecen infundados, ya que vivir en un medio ambiente degradado o contaminado, sin agua potable, sin alimentos, sin ropa, sin cobijo, parece que podría ser la fase previa a la desaparición humana. Si no fuere por una degradación paulatina, podría ser por medio de una hecatombe nuclear que, a las personas con suerte, las desintegraría por medio de un ciclón de fuego.

The Road plantea una situación postapocalíptica en la que no se explica la razón por la que el planeta se ha convertido en un lugar lúgubre e inhóspito, sin sol que ilumine, grisáceo, fangoso, en el que la población ya prácticamente no existe.

Un padre y su hijo, de unos once años caminan, en busca de no sabemos qué, con rumbo incierto o simplemente intuitivo; huyendo de todo; yendo hacia la nada con una trayectoria errática. Con ropas raídas que han ido cogiendo de los múltiples lugares por los que pasan, aprovechando lo que los muertos ya no necesitan, con los pies envueltos en trozos de zapato, y arrastrando un carro de mano en el que llevan..., ni ellos saben qué.

En un estado tan miserioso y agresivo, sin ninguna estructura social por mínima que sea. En un entorno en el que todo es un peligro y en el que no hay ni comida, ni animales, ni vegetación, el padre intenta mantener su estructura de familia. Esta parte humana es lo que creo más importante de una situación como la descrita. Aun en un infierno, el padre intenta por todos los medios a su alcance, mantener la estructura humana y familiar. Intenta proteger a su hijo, contra lo que sea. A su manera y con sus limitaciones, el padre, intenta mantener las relaciones psico-afectivas y, por qué no, incluso de estatus con respecto a su hijo. Lo abriga, le hace dormir a las horas “que tocan”, aunque acostarlo sólo sea darle las buenas noches debajo de unos arbustos junto a un primitivo fuego.

Pocas veces se cruzan con personas y cuando éstos no son asesinos o locos, son grupúsculos antropófagos contra los que el padre debe enfrentarse. Algunas veces son personas simplemente con miedo y con hambre. Sin embargo, en una situación extrema, el padre se ve obligado a no hacer concesiones a la compasión y se comporta de una manera más agresiva que los demás. En las tinieblas todo es potencialmente malo todos los demonios que llevamos dentro afloran y nos volvemos más bestias que las propias bestias.

Sin embargo, el niño plantea un contraste con respecto al comportamiento paranoico del padre. En el niño, que se encuentra en el mismo entorno y contexto que el padre, si tiene sentimientos de compasión e incluso de solidaridad. El niño es el exponente de la inocencia, de la bondad, es la criatura que aún no se ha embrutecido. En la figura del padre, quasi-psicótico por las circunstancias, y del niño que no entiende la paranoia de su padre que desconfía de todo y de todos y que huye de una forma irremediablemente obsesiva, es donde aparece la dualismo cósmico; como la noche sería al padre y el amanecer al hijo. La inocencia de quien no ha vivido mucho frente al escepticismo de aquél al que la vida ya le ha vapuleado.

¡Una pesadilla...!, pero incluso en medio de una pesadilla se puede soñar. El hijo le dice a su padre:

-Papá, esta noche he soñado con algo terrorífico.

A lo que el padre le contesta:

- Eso es señal de que hay esperanza hijo; lo malo sería que soñáramos con cosas bonitas; eso significaría que ya no tenemos salvación posible.

Y yo os preguntaría, ¿soñáis, a menudo, con cosas terroríficas?

DUNE

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