ASOCIACION INTERNACIONAL DE INVESTIGACION Y DIVULGACION HOLISTICA

El pan de cada día...



De niño tuve que acudir al médico de cabecera que había frente a casa. Mi madre desestimó la patraña del curandero acerca de que yo sufría un mal de ojo que dañaba mi aura, y optó por visitar al doctor Calzadilla para saber cuál era la razón de aquellos sueños en los que sentía que mi cuerpo se inflaba imparablemente hasta ahogarme. Me gustaba aquel médico porque era más holístico que alópata. Tras observarme detenidamente el doctor concluyó que la causa residía en la gran ingesta de pan que yo consumía por la noche: la pésima digestión junto a los gases eran la razón de aquellos terrores nocturnos. Yo tuve que aprender a controlar mi gula y mi madre optó finalmente por consumir el pan negro de centeno que vendía doña Eloisa.
No deseo en absoluto ofender a nadie, ni a la gente que lo consume ni a los panaderos que los fabrican ya que seguramente nunca llegaron o llegarán a conocer el pan auténtico. Pero la mierda de pan blanco que nos llevamos cada día a casa no es más que una mala caricatura de lo que es el pan, pan; y es una pena. Ese producto refinado que consumimos habitualmente es una fuente de calorías vacías, que ni nutre ni alimenta; un invento de la civilización.

Ayer sin ir más lejos compré una barra de pan de chapata, y pagué por ella una barbaridad, nada menos que tres euros con ochenta y cinco, más de seiscientas pesetas de las de antes por una abigarrada barra de pan que al día siguiente y pasados los efectos de los conservantes era como un chicle inmasticable. Pensarán que soy tonto pero comérmelo me llevó a este artículo.

El pan blanco es un producto sometido a una cadena de procesos industriales, en los que pierde hasta el 90% de sus vitaminas y aminoácidos. La homogeneización de la masa se realiza con productos químicos inorgánicos y su forma artificial de conservación no lo convierte precisamente en un alimento de primer orden sino en una fuente nutricional muy pobre, y nada recomendable para nuestra salud. Eso sí, parece ser un enemigo muy bien avenido.


La razón de que se consuma refinado en vez de integral se debe a la necesidad industrial de conservar la harina, por lo que se le quita la cascarilla y el germen para quedarse únicamente el albumen. Para blanquear la harina se utiliza frecuentemente el bromato potásico o el dióxido de cloro; también se emplean potenciadores del sabor, colorantes, gasificantes para inflar y dar volumen a la masa como el óxido de carbono, conservantes como el cloruro de amonio; también hidroxibutilanisol BHA, hidroxibutiltolueno BHT, e hidrocoloides, etc. La levadura que en vez de ser orgánica es artificial y prensada, incluso se la potencia con aditivos. No es raro que algunos panaderos sufran al elaborarlo de alergias, asma y rinitis.

El pan blanco es un producto refinado cuyo consumo frecuente puede derivar en frecuentes disturbios digestivos que luego provocaran fermentaciones intestinales, caries, flatulencias y gases, halitosis, flemas y mucosidades, parasitosis, migraña, estreñimiento y sobre todo obesidad. Su valor calórico puede ser cuestionable pero no es precisamente un valor nutricional. Sin embargo es venerado en la mesa, al tiempo que se ha convertido en una herramienta, como lo es la cuchara o el tenedor.

El pan de toda la vida conserva todos sus componentes naturales, entre ellos gran cantidad de vitaminas, minerales y fibra bruta; y por eso se lo conoce como integral. Eso otro a lo que llamamos pan, es una mala imitación además de ser un lujo insano y excesivamente caro, que no es ni chicha ni limoná.


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