ASOCIACION INTERNACIONAL DE INVESTIGACION Y DIVULGACION HOLISTICA

Nuestro universo particular (La Voz: Dune)


Siete preguntas para la transcendencia no son muchas teniendo en cuenta las pretensiones del concepto. Recientemente he descubierto otra manera de entender las cosas, la vida, la no vida, la propia filosofía, etc. Yo diría que son dos formas contrapuestas de entender las cosas. No sé hasta qué punto irreconciliables. Voy viendo que algunas posturas del Tao y del Zen consideran al hombre como un ser no, precisamente, predominante y no, precisamente, preeminente. La reducción de la importancia del ser humano a la mínima expresión parece para tales filosofías el camino más apropiado. El hombre debería pasar por esta vida sin levantar la voz y sin levantar, incluso, mucho polvo. Las personas no deberían osar alterar nada ( a buen seguro deben entender que el orden de la naturaleza no tiene por qué ser alterado). Bajo el punto de vista expuesto, la pregunta sobre la transcendencia de las personas no tendría sentido.

En una postura filosófica más occidental o, mejor dicho, más propia de la cultura clásica occidental en la que el hombre es muy importante, si no es el ser más importante de nuestro mundo, la pregunta tiene mejor encaje.

Bueno, lo cierto es que, sobre la transcendencia, se podrían decir infinidad de cosas, pero yo diría que para el ser humano que ha reflexionado mucho o que ha sufrido (a mayor sufrimiento mayor grado de consciencia) la vida propia se divide en dos espacios: el espacio que está desde su percepción hacia afuera (espacio externo), y el espacio que se encuentra en su interior (vida o universo íntimo). Para apreciar y conocer su universo interno, cada persona usará de unos sentidos que son diferentes de los empleados para su conocimiento del espacio externo.

Cuando nos observamos entre los demás seres vivos, en nuestro medio espacial y natural, y proyectados en el universo, pensamos que somos poca cosa o, incluso, insignificantes. Pensamos que no pasaremos a la posteridad, que después de unas decenas de años, ya nadie nos recordará. Incluso muchas personas dejan de tener la más mínima importancia, relevancia o interés dentro de su mismo ciclo de vida.

Si, en esas condiciones vitales de temporalidad, entendemos que debemos tener un comportamiento definido, descrito y proclamado (generalmente por las religiones) para no desatar la ira de los dioses, entonces nuestra vida queda exenta de sentido lógico o racional, y toma tintes infantiles, vedándonos, nosotros mismos, la opción de tener una transcendencia. Creo que es preferible morir con la eterna duda. Incluso un personaje tan rudo como Marv (Sin City) decía: “El infierno es vivir cada día sin saber la razón de tu existencia”.

Nuestra vida intima o universo interno se compone de todo aquello que una vez fallecidos no ingresa en nuestro correspondiente ataúd. Se compone de nuestros sentimientos, nuestras emociones, nuestros temores, nuestros sueños, nuestros anhelos, nuestra vida inconsciente, nuestro subconsciente, nuestra espiritualidad; aquellos proyectos realizados o que se frustraron a pesar de que en ellos invertimos gran parte de nuestra energía, aquellos amores no correspondidos, aquellas amistades que los demás traicionaron; y, por qué no, aquellas ilusiones que se desvanecieron o que no resultaron ser lo que esperábamos. En algún momento todos fuimos héroes pero sólo en nuestro interior quedó registrado el acto.

En fin, en este sentido, en la vida que sucede dentro de nosotros todos somos transcendentes, a menos que se sea un ser sin conciencia, que también los hay.

Dune
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