ASOCIACION INTERNACIONAL DE INVESTIGACION Y DIVULGACION HOLISTICA

Depredando o Evolucionando

Hay muchas personas a las que se les llena la boca -y el ego- cuando hablan de progreso, de occidente, de avances científicos y de revolución tecnológica. Se compara arrogantemente nuestro “estado democrático de bienestar” con los países a los que -con la boca no tan llena- se los tilda de subdesarrollados. Ahora, gracias a la CRISIS, es por fin posible darnos cuenta de cuan engañados estábamos. Eso sí, en el esquema darwiniano de la evolución podemos quedar bien satisfechos, porque en cuanto a especie, en depredar y fagocitar no nos hace sombra ni el tato. Depredando se ha ganado en nivel de vida, y “dicen” que en calidad de vida, claro que castigándonos la psique y cascándonos la genética, al tiempo, claro está, que jodiendo el medio ambiente.

Queda claro que hasta hoy hemos hecho cuanto nos ha convenido, pero ¿hemos resuelto lo más conveniente?.

Pero, ¿cuál es la causa de esta enorme contradicción? ¿Por qué está el destino humano y del mundo en manos de los usureros que componen el monopolio financiero? ¿Por qué están los aparatos gubernamentales tan sujetos al sistema? A tal punto la situación es grave que nadie concibe otro modelo que no sea este. La respuesta es una cadena de causas y efectos, pero podemos concretarlo en lo que concebimos como “la economía”. La economía encubre una enorme paradoja plagada de falacias. Sin embargo la economía es algo que hace millones de años creó el universo, y que practica eficientemente la naturaleza. Los seres humanos no hemos inventado nada al respecto, hemos probado aleatoriamente con multitud de experimentos frustrados, así hasta hoy, y sin aprender la lección más elemental: que la eco nomía no es nuestra sino que se basa en la naturaleza.

Por mucho que nos pese, admitámoslo, ¡estamos subdesarrollados!. No nos conviene vivir engañados, porque a estas alturas el progreso no nos ha hecho ni más inteligentes, ni más conscientes. La evolución que nos concierne no tiene nada que ver con las especies, ni con la cadena alimentaria, ni con el centro del universo, ni siquiera con la tecnología punta. Sino con la Co-herencia, nuestra inteligencia no se determina en los cúbicos de cerebro, en los test o las estadísticas, ni en los valores de mercado, sino en el nivel de conciencia y coherencia de nuestros actos. Basta con observar la Vida a nuestro alrededor perfectamente estabilizada para darnos cuenta de que la naturaleza está más avanzada y organizada que nosotros. Nuestro prodigioso lóbulo frontal es una chapuza cibernética, capaz de inventar, fabricar, y soñar tonterías para fomentar la “economía”.

La “conciencia” al parecer sobra y molesta. No es siquiera rentable. ¡Eso sí..!, es muy importante dar el pego, alardear de la sostenibilidad del mercado financiero, de la industria sostenible; y de la guerra, la moda, y la democracia sostenibles. Pero sostenibilidad no es realimentar un sistema caníbal, ni mantener el ritmo de depredación, sino respetar y preservar la Vida. Lo mismo da si son personas, árboles, corales, casquetes polares o focas monje, se trata no tanto de explotar como de gestionar los recursos retribuyendo o interactuando con la naturaleza. Pero nos cuesta, cuesta evolucionar y aceptar que la naturaleza somos nosotros y que la vida es el hogar que da asiento a la vida, la única realidad, y hoy por hoy la única oportunidad tangible y perdurable. Sostenibilidad no es demagogia ni ficción, es conciencia y responsabilidad pura, llana y dura.

No nos dejemos engañar por el lupus economicus que tunea, maquina, reinventa, tergiversa, y orquesta la realidad global, o del mercado, o financiera. Esas veleidades no son economía sino artificios de un sistema descerebrado basado en la codicia sin más.

Tras el chasco de paraíso existencial que el comunismo o el capital harto prometía, es buen momento para indignarnos y replantearnos cabalmente las cosas. Pero indignarse es poco cuando bajo fuera de la doctrina del consumo reina la apatía y el conformismo. Para entrar con buen pie en un milenio de esperanza y equidad bastaría con no desoír las emergencias que tremulan en el planeta. Atender los estertores de un modelo depredador que se fagocita a sí mismo no lleva a ninguna parte. Sólo la VIDA puede garantizarnos la sostenibilidad coherente del mundo, y nosotros tenemos que aprender a ecoxistir con madurez y en armonía. Es cuanto nos falta para dar el salto evolutivo. Todavía tenemos la oportunidad de evolucionar y de “progresar” en consecuencia. La naturaleza ya es de por sí consciente, económica y democrática. Necesitamos desaprender para aprender de ella, redescubrir lo que somos, y reconocer donde estamos para hacer lo adecuado. Y eso desde luego no lo vamos a descubrir depredando sino evolucionando precisamente ahora cuando la olla a presión se mantiene en cocción.

Si no, nos encontraremos con otro nuevo eslabón perdido, y aún más por resolver.

Tato Peña
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