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Menús infantiles...¡esto es la leche!


Es muy habitual encontrarnos con una dieta infantil incompatible, tanto en el hogar como en la escuela. No es un problema solo de los norteamericanos, también de donde se presume de dieta mediterránea. Es curioso, sin embargo estamos a la cabeza en trastornos alimentarios y enfermedades relacionadas con la alimentación, entre ellas la obesidad. Hoy que sabemos que muchas enfermedades guardan relación con los hábitos alimentarios y nos cuesta deshacernos del más gastronómico de los pecados capitales.

Comer no es alimentarse, eso todo el mundo lo sabe, y es bueno recordarlo. No es raro escuchar que los niños y adolescentes comen hoy mejor y más abundantemente que años atrás, pero aunque el bienestar han influido positivamente en nuestras vidas, no todo es de color de rosa, ya que la explotación intensiva y la industrialización masiva está afectando la calidad de vida; estrechamente al estilo de vida y el medio ambiental.

En muchos colegios se presume de cultura alimentaria. Pero digo “se presume” porque sería contraproducente presumir de algo que no se ajusta a la realidad, porque se diseñan menús que no reflejan una alimentación coherente y natural. Esto que suena fuerte no es exagerado ni es nada nuevo ya que una dieta excesivamente proteica y rica en calorías vacías (pan, pasta, azúcar y arroz blanco) no es exactamente un modelo nutricional. Sobre todo cuando abundan refinados y farináceos, fritos y rebozados, embutidos y enlatados, todo aderezado con un arsenal de aditivos industriales obligados que entremezclados y mal combinados, producen a la larga – o a la corta- todo tipo de desórdenes y disturbios digestivos y metabólicos que pueden ser el origen de la hiperactividad, de intolerancias, y de la consabida obesidad.

Hoy no es como cuando la gente rezaba a pies juntillas lo que predicaban los dogmas nutricionales hoy obsoletos. Se siguen manteniendo los mismos mitos y ritos prehistóricos que defienden una alimentación descompensada, sobrecargada y toxémica.

Un ejemplo es la costumbre de diseñar menús con más de dos, tres, y hasta cuatro proteínas -a un tiempo- Es el caso de: un primer plato de arroz con huevo, con queso rallado y salchichas; y un segundo plato: con pescado rebozado, mayonesa y patatas fritas. Todo acompañado con el ritual del vaso de leche, y además de postre un arroz con leche, o unas lácteas natillas.

No acaba todo ahí, además se suele recomendar más de lo mismo pero en las cenas de los infantes. Cuando mamás y papás ya han dado de merendar a sus niños: bollería, dulces, chocolate y chucherías. O bocadillos con más proteínas, más calorías vacías, y un nuevo vaso de leche. Es habitual en muchos colegios que se mantenga la tamaña idea de que el niño necesita beber leche a todas horas, cuando se ha demostrado que un consumo excesivo puede no ser tan indispensable ni saludable.

La leche podría estar tras afecciones como alergias, asma, intolerancias alimentarias, e incluso en la formación de ciertos cánceres como el de colon, próstata, o de mama. La leche tiene bajo sospecha su carga hormonal (59 tipos de hormonas pituitarias, adrenales, esteroideas, IGF-1, sexuales..). A las que habría que añadir proteínas como la caseína que impide la absorción y produce reacciones autoinmunes. La leche tiene además colesterol y grasas saturadas (la pasteurización y la homogeneización facilitan su absorción). La leche puede además estar contaminada con tóxicos como metales y plásticos, detergentes, desinfectantes, pesticidas y fertilizantes; además de dioxinas (derivados del cloro), micotoxinas (el pienso puede estar contaminado con mohos). Los antibióticos y otros fármacos (se emplean de forma habitual en enfermedades infecciosas y parasitarias), y puede darse incluso el caso de que haya contaminación radiactiva. Muchos de estos estudios han sido realizados por investigadores como Jean Seinalet, John Mcdougall, Willian Ellis, Jane Plant, Colin Campbell, Frank Oski, Angela Padack, Jonatan Brostoff, Valerie Copeland, Kurt Esselbacher, Linus Pauling . En cuanto a alternativas, la leche de cabra es molecularmente muy parecida a la leche materna, contiene menos lactosa y menos caseína alfa.

No es sano atiborrar al niño sino darle en su justa medida lo que necesita, en los momentos que se precisa y de forma alternativa. La nueva vanguardia nutricional nos recomienda una dieta compatible que considere las diferentes digestiones y la combinación adecuada de las diversas categorías de alimento. Los viejos mitos, tan animados por los atavismos culturales y las subculturas del consumo no siempre miran por la salud y la calidad de vida. Nada de esto va por las excepciones, que afortunadamente las hay, y nada pocas.

Clara V. Monterey (Nutricionista)
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