ASOCIACION INTERNACIONAL DE INVESTIGACION Y DIVULGACION HOLISTICA

El eslabón (Textos creativos)

Zhass vive en un hormiguero, pero no es una hormiga cualquiera, es una “elegida”, o por lo menos es lo que ella piensa. Zhass sueña con abandonar la colonia y dejar su vida de miserable obrera, su objetivo es encontrar el hongo Malu y probar su suculenta carne para subir a las estrellas. Hoy es el día de su marcha pero antes debe despedirse del anciano Yinte, su mentor y amigo.
Zhass supo de Malu el hongo a raíz de un encuentro con Yinte, el hormigo anciano de antenas rotas que vive apartado en la región Beta del hormiguero destinada a los subsidiarios. Allí, durante una ronda de abastecimiento, lo conoció, hablando solo; y de él escuchó la historia extraordinaria de Malu, el hongo maravillosos que cualquier hormiga elegida ansía encontrar. Según la leyenda, Malu habita más allá del gran bosque, del ancho valle, y en lo más alto de las elevadas montañas. Solo una hormiga entre varias generaciones llega a conocer este secreto, solo unas pocas “elegidas” han salido en su búsqueda y ninguna ha vuelto.


Zhass se siente diferente desde siempre, y solo Yinte supo ver que era no solo especial, también una elegida. Lo supo cuando la vio escucharlo tan atenta, desde el primer momento ella supo que ese era su cometido.
Zhass ha llegado a la zona Beta burlando la vigilancia de los centinelas. Entre laberínticos pasillos se halla la celda de Yinte. El viejo la está esperando desde hace rato.

-Dime Yinte, ¿Qué más sabes del Gran Malu?

El anciano se sentó pesadamente sobre la estera de vaina de su celda, sus cuatro patas traseras apenas se sostienen por lo que las tiene que colocar en cuantas superficies pueda para no tenerlas colgando. Luego se puso a dibujar sobre la fina arena del suelo.
-Desde tiempos remotos hemos heredado el conocimiento de Malu, el gran hongo Supassi. Él también pertenece a una larga tradición de seres divinos en enigmática coexistencia con nuestra tribu.
La hormiga Zhass se acercó cuanto pudo al anciano con cuidado de no tropezar con sus largas antenas rotas. Yinte la miraba al tiempo que miraba el espacio y miraba el suelo donde dibujaba garabatos que describían la historia de Malu.
-Solo una vez cada muchos otoños el gran hongo Malu se yergue a la espera de una “elegida”, siempre alguien de nuestra tribu. Ese es el momento crucial para devorar su carne, la más exquisita de cuantas hallan, y la más elevada de cuantas existen.
Cuentan que Malu puede llevar al éxtasis, a la experiencia cumbre que da razón de ser a nuestras existencias. Pero solo unas pocas lo han conseguido, y quien lo ha hecho no ha vuelto jamás, ya que es elevada a las estrellas que es la verdadera morada de nuestra tribu.
Zhass escuchaba atentamente sin perderse detalle. Ella se sentía una “elegida” y no una simple obrera viviendo una vida ordinaria, monótona, y sin sentido. Para los otros miembros de la colmena Yinte solo era un anciano chocho que deliraba, sin embargo ella veía en él un depositario de la doctrina extinguida y un guía con el cual encontrar el sentido real de su vida.
-¿Cómo pudo olvidarse hasta hoy la historia de Malu, honorable anciano?
- Se olvidó a causa del último cataclismo que provoco el éxodo de nuestra tribu a este lado de las montañas. Pero antes habitábamos en las mesetas elevadas donde permanecíamos en estrecha convivencia con gran Malu. Desde entonces solo unas pocas, que yo he conocido, han salido a su encuentro precisamente en época de inicios de otoño, justo cuando recolectamos para el invierno. La tradición defiende que Malu se sirve de algunas de nosotras para alcanzar las estrellas y que al tiempo podemos ascender de su mano. La tradición ha continuado gracias a que siempre ha existido un transmisor oral, y yo estoy entre los últimos de ellos.
-¿Nunca se te ocurrió salir en su búsqueda, venerable Yinte?
- Lo intenté hace ya mucho tiempo, pero perdí la punta de mis antenas a medio camino, justo cuando tuve que cruzar la región de los enjambres, en el ancho valle. Por eso, si estas decidida a emprender el viaje te aconsejo que viajes a lomos de un salmón dorado, es la mejor manera de evitar todos los peligros que ofrece una aventura semejante. Sólo con un salmón dorado puedes remontar el nacimiento del río que se halla en lo alto de las mesetas elevadas. Allí se encuentra Malu, esperando a una “elegida” de entre de nosotras.
Zhass no se despidió de nadie. A primera hora de la mañana abandonó la colonia y se encaminó a los saltos del río para montar su salmón dorado. Según la leyenda siempre hay un salmón para la hormiga elegida, y Zhass tuvo la suerte de encontrar a uno joven con el lomo dorado. De este modo pudo superar los peligros que acechaban en el gran bosque y en el espeso valle, y sólo de este modo pudo ascender hacia las elevadas mesetas rumbo a la morada de gran Malu, el hongo de las estrellas.
Caía la noche cuando la hormiga Zhass llegó a la alta meseta. El salmón dorado prosiguió su viaje y Zhass contuvo el aliento antes de entrar en el desfiladero que le había señalado el viejo Yinte. Desde allí podían verse las más luminosas estrellas del firmamento. Luego llegó a una zona muy arbolada, envuelta en flotantes neblinas y asentada en humus y turba. Sobre una roca plana y envuelta en un espeso liquen se hallaba el gran Malu, tal como lo había dibujado Yinte sobre la arena. Era pequeño y esbelto, muy raro, con extrañas ramas que parecían brazos, y sobre su cabeza una especie de plato de aspecto escamoso, cilíndrico, y multicolor. Zhass se acercó con sigilo revolviendo cuidadosamente sus antenas quizás para detectar una señal de invitación. Cuando estuvo frente a él sintió un escalofrío recorriéndole el abdomen, y una reacción ancestral despertó de pronto desde lo más profundo de su subconsciente provocándole un impulso irrefrenable que la invitaba a devorar a Malu.
Y eso hizo, comió insaciablemente de él y…
Sintió que el cuerpo le abrasaba y que luego se le llenaba de cosquillas, de calambres, de electricidad en estado puro. Luego la asaltó una sensación de absoluta incertidumbre, y algo se apoderó de ella, algo totalmente desconocido pero enormemente enigmático y sensual. De pronto todo a su alrededor estaba cambiando, nada era ya lo que parecía: ni los colores, ni los sonidos, ni las formas, todo era turbadoramente irreconocible.
Una necesidad imparable se adueñó de su cuerpo, de su mente, de su pequeño corazón de hormiga. El éxtasis se lo ordenaba, la felicidad plena que experimentaba la empujaba a llegar más lejos, a no detenerse. Tenía que subir, sólo ascender, solo hacia arriba sin parar porque no existía otro fin ni otro propósito. Ascendió por la pared lisa del cañón a toda velocidad, sin detenerse ante ningún obstáculo, moviendo velozmente sus pequeñas patas y agitando espasmódicamente sus antenas hacia algo que inconscientemente anhelaba y conscientemente la anhelaba. Ascendió y ascendió invadida por una sed inagotable y vital; y así, presa de una plenitud infinita y de un placer y un dolor desgarradores llego a la cima. Estaba exhausta y pletórica, aún con las patas lastimadas y las antenas rotas, aún con el abdomen descarnado y el vientre cercenado casi arrastrándole las tripas.
Allí, en lo más alto a lo que puede llegar una hormiga Zhass ya no era Zhass, sino un ser radicalmente diferente. La cabeza le ardía, sus patas se le doblaron. El vientre se le resquebrajó y le estalló el abdomen con todas las tripas al exterior. La boca se le abrió en dos y su rostro se separó en dos piezas. Sus nervios aún ligados al sistema méduloespinar apenas eran hilachos de nervios, pero los ojos la dejaron ver fugazmente la bóveda del cielo. De su cuerpo roto y desmenbranado brotó, poco a poco, un nuevo cuerpo extraño que la triplicaba en tamaño. Finalmente de Zhass sólo quedaron fragmentos y pellejos junto a sus patas rotas y vacías como vainas resecas.
Lo que antes había sido Zhass ahora era Malu el gran hongo erguido en la cima y expectante ante las estrellas.
Malu el “elegido” había llegado por fin hasta allí, justo a la morada de Tamcan. Ahora sólo había que mantenerse a la espera de que el Gran Tamcan lo llevará con él, “el elegido” a las estrellas, más allá del cielo conocido y los ideales imaginados.
Una sombra se acerca sigilosamente: es Tancam. A Malu le tiembla el vientre, sólo puede postrarse….
Tancam “el elegido” se yergue imponente, lo espera el gran Ba Hamm...

ANDREASS
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