ASOCIACION INTERNACIONAL DE INVESTIGACION Y DIVULGACION HOLISTICA

Utopía insostenible


Hace apenas unas décadas el desarrollo sostenible parecía ofrecer nuevas esperanzas y soluciones de urgencia ante la situación de desequilibrio entre la actividad humana y el medio natural. El término sostenibilidad se acuñó por entonces y sugería un futuro en el que la gente podía vivir en armonía con la naturaleza. El desarrollo sostenible propuesto en su origen se basaba en la interacción responsable y en la gestión retributiva con la naturaleza, y prometía un futuro de armonía entre la actividad humana y los recursos naturales disponibles. Esto redundaría en un hábitat más sano y en unas relaciones humanas más responsables y benéficas. Pero no ha sido así, y la sostenibilidad ha pasado a ser una moda y una utopía más enfrentada a la utopía capitalista (aunque la tomemos como real) representada por la globalización y sus promesas materiales.
Hoy, el significado de sostenibilidad no tiene mucho que ver con el mensaje original, de hecho, se ha degradado tanto que se ha convertido en algo trivial y muy lejos de su contenido. Hoy casi todo el mundo habla de desarrollo sostenible pero por necesidades del teatro socio-económico, ha quedado reducido a un discurso mojigato o a una jerga vacía, y en la práctica a un poco de eficiencia energética aquí y otro tanto de reciclaje allá. Las evidencias de la necesidad de un nuevo modelo socioeconómico más respetuoso con la vida humana y la naturaleza son latentes y patentes sobre todo hoy en la crisis económica actual cuando empezamos a ver que no podemos ver que los recursos energéticos se agotan y que el progreso se cobra un alto precio sobre la naturaleza y los millones de vidas humanas que alberga.


A medida que avanza la crisis nos vamos dando cuenta de las cosas, de cómo se sostienen y hasta qué punto nos absorben. Aumenta el cuestionamiento acerca de las políticas socioeconómicas llevadas hasta ahora, y se hace urgente el replanteamiento de nuevos modelos alternativos, más racionales y consecuentes con la realidad actual y global. Las personas y gobiernos están viendo las cosas con otros ojos y se están dando cuenta de que nada es permanente y de que nada se sostiene si no modificamos tanto nuestro modo de ver como de actuar en el mundo. La permanencia de las sociedades humanas depende íntegramente de la estabilidad y la durabilidad de la naturaleza, no puede existir verdadero desarrollo o progreso humano cuando la naturaleza ni es tomada en cuenta, ni se la retribuye. ¿Y cómo podemos retribuir a la naturaleza cuando se degradan y agotan los recursos al tiempo que se ocasionan enormes desequilibrios ecológicos? Desde luego no vamos a encontrar las respuestas y las soluciones en el modelo global ni en lo que se entiende o practica como economía, a no ser que empecemos a comprender que el dinero no lo es todo y que la eco-no-mía en cualquier caso no nos pertenece a nosotros sino a la naturaleza.

El asunto es que no existe balance ni equilibrio entre la actividad humana y la dinámica natural sino grandes y graves contrastes, de hecho ni siquiera se la comprende en toda su importancia y esta es la razón de que nuestro desarrollo económico sea incompatible con las leyes de la naturaleza. Es sabido que el asunto no es simple de resolver, se necesitarían enormes inversiones de capital humana para efectuar la transición de una economía energética basada en fósiles o lo nuclear a otra más alternativa y sostenible. También podríamos decir que tal cambio exige una enorme inversión de energía y por supuesto dejar de excluir a la naturaleza por intereses financieros.

La solución por tanto la aportaría una nueva eco-nomía que empiece a considerar, a un nivel global, a las personas y el potencial que éstas pueden desarrollar; ese potencial es educación, es ciencia y conocimientos, oportunidades y medios para que podamos, no sólo encontrar y gestionar nuestros propios recursos, sino que sobre todo llevemos una vida digna y creativa.

Es esencial que dejemos de dar supremacía exclusivamente a los valores cuantitativos que soportan la insostenibilidad de esa utopía que llamamos progreso para dejar paso a lo nuevo y a lo que realmente nos interesa: la utopía de un mundo construido en valores cualitativos, que generen verdadera riqueza, verdadera calidad de vida. Verdadera eco-nomía para elevar cualitativamente la calidad de vida y el nivel de vida de absolutamente todas las personas, compartiéndolo integralmente con el conjunto de la biosfera. Como seres vivos que conviven en un gran ser vivo.

J.R Tato Peña

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