ASOCIACION INTERNACIONAL DE INVESTIGACION Y DIVULGACION HOLISTICA

Revolución silenciosa



¿Cómo hablar del nuevo modelo humano sin ser tildados de elitistas, de mesiánicos o de alarmistas? Pues muy sencillo, sin pretensiones y mirando alrededor con imparcialidad: veremos cuál es el estado de las cosas y cómo no! el rotundo fracaso de los modelos sociales actuales, esos que prometían ser tan definitivos. Una vez más la realidad se impone recordándonos nuestra pequeñez y lo mucho que nos queda por aprender. Estamos en tránsito y como humanidad andamos por el jardín de infancia de la Evolución.


El modelo occidental y su tejido ramificado de democracias y de políticas económicas pretende ser el modelo que abandera el planeta, claro que a punta de pistola y de talonario. Luego hay otros, de polo a polo, entre el llamado desarrollo y el subdesarrollo, que no son sino resultados de una desigualdad. Recordemos que lo que antes fueron civilizaciones avanzadas son ahora reductos y regiones del mundo subdesarrollado; y lo que antes fueran territorios de bárbaros son lo que hoy llamamos países civilizados. Entre todo este panorama hay modelos para todos los gustos: fundamentalistas, (o sea, caducos y atávicos) que al igual que otros ultra y nacionalistas repiten roles del pasado o incurren en comportamientos gregarios e inconscientemente tribales. Todos son fragmentos en busca de una identidad; componentes de una globalidad desunida también en busca de una identidad. Absolutamente todos están siendo afectados, directa o indirectamente, por la actual crisis planetaria, resultado de la nefasta gestión de los recursos tanto humanos como naturales.



El modelo occidental, como tantos otros, necesita afianzarse y justificar su realidad conveniente y autista, por lo general como un “dogma de realidad”, aunque este disfrazado de “conjunto de libertades”. Es un modelo geocéntrico y antropocéntrico, y es ante todo un modelo dualista, que arrastra una atrofia perceptiva. El susodicho modelo hereda viejos vicios atávicos y ha influido en la mentalidad humana de todo el planeta: en la forma de ver, de pensar, y de sentir de millones de seres humanos. Recordemos que con el dualismo surgió la idea de un bien y un mal, un cielo o un infierno. Este comportamiento responde a la necesidad compulsa e imperiosa de experimentar la existencia en base a polos o extremos. Necesidad que ha determinado nefastamente en el aparato perceptivo y en la conciencia de los millones de seres que forman gran parte de las sociedades del planeta. Indiferentes a este rasgo psíquico de nuestra especie permanecen algunas minorías en clara amenaza de extinción (y no me refiero sólo al mundo indígena).



Esta situación parte de muy antiguo ya que en su necesidad de comprender el universo, la vida y a él mismo, la humanidad (inconscientemente, claro) ha orquestado tantas realidades emergentes como doctrinas y dogmas surgían en la imaginería febril de doctos, santos y reformadores. Realidades que se engendraron o en la fe irracional o en el racionalismo más craso y que dieron lugar a modelos de realidad definitivos e incuestionables. Evidentemente todo se acepta a pies juntillas hasta que aparece un nuevo paradigma (la física cuántica), que derrumba los cimientos de la susodicha realidad a desmoronarse. Cosa que el “sistema”, ante tan severa amenaza, se ocupara de neutralizar tal como lo hace el sistema inmunológico en nuestro organismo.



Es ya sabido por muchos que el modelo de educación, primaria como universitario continúa siendo mecanicista y reduccionista, bajo su tutela se cocinan pensadores y filósofos, científicos, educadores, médicos, tecnólogos; así como artistas, empresarios, economistas, juristas, teólogos y cómo no! los políticos que luego englosarán un sistema que se perpetua en base a una masa de millones de ciudadanos desinformados y profundamente sugestionados. No es justo generalizar pero la situación esta alarmantemente generalizada y es producto de una macroestructura que se extiende como un cáncer imparable.



La cuestión de los modelos de realidad viene de muy antiguo ya que hubo civilizaciones que creían en muchos dioses, en un solo dios, en un bien y un mal confrontados, en un bien y un mal recíprocos, en que había que hacer sacrificios, en que había que instaurar la fe convirtiendo al infiel o quemando al hereje. Así, a salto de mata hemos creado ciudades estado y fronteras. Tras cruentas conquistas y guerras hemos llegado a la actualidad que aún con todos sus avances tecnológicos y sus estados de bienestar no puede evitar que halla desigualdades, conflictos y pandemias; más enfermos y enfermedades, mas medicamentos, más delincuentes y cárceles. Lo que no saben los millones de seres humanos hacinados en sus gigantescas urbes y dependientes del susodicho modelo, es que la realidad que se les presenta y promete, tal real y definitiva, no es sino una ficción y que el modelo es depredador, vulnerable, incongruente, inestable y perecedero, cosa que se está dejando ver en el momento de depresión por el que pasa actualmente la humanidad.



Para engordar este modelo se ha instaurado una falsa moral con la cual se ha invadido y expoliado a los países más pobres, todo para mantener su nivel de vida y la brutal maquinaria de consumo que precisa de enormes cantidades de materia prima, de fuentes de energía, de mano de obra barata, y del dominio geo-estratégico. Cada nuevo paradigma que ha vivido la humanidad ha supuesto un cambio drástico en sus sociedades, pero de forma cíclica volvemos a repetir los mismos errores fundamentales.



La evolución antes que tecnológica debería ser psicológica, ya que una nueva psicología de la consciencia nos ayudaría a dar un salto cuántico en nuestra ralentizada evolución, llevándonos a un nuevo modelo universal y humano impulsado desde la propia conciencia personal para llegar a conformar una conciencia colectiva. Las viejas fórmulas de alineamiento y domesticación social no sirven para desarrollar un criterio propio y una escala de valores cualitativa en el individuo, y es lógico que la percepción de millones de seres en todo el planeta haya sido distorsionada y manipulada. Si bien es cierto que hoy por hoy puede ser necesaria una psicología y una base de creencias para mantener a las masas desinformadas, también lo es que no se atiende a la individualidad, aunque se le haga creer al individuo que ciertamente es libre y posee albedrío.


La cuestión más urgente continuará siendo la educación, mientras no halla reformas arriesgadas que orienten al niño a encontrarse a sí mismo y a conservar su inocencia y autenticidad no vamos a ver cambios objetivos en ninguna dirección. Cosa que depende de que los padres y educadores se conozcan en profundidad a sí mismos -y es un hecho nada frecuente-. Mientras el hombre como la mujer continúen encerrados en la imagen y la apariencia, mientras no se conozcan a sí mismos y no sean conscientes del sentido de la vida y de sus propias vidas, no experimentaremos los efectos de una nueva conciencia ni ampliaremos nuestras capacidades evolutivas eugenésicas.



¡Para qué engañarnos...! el “nuevo modelo” supondría -aún hoy- una mutación personal y colectiva en toda ley. ¡No hay por qué asustarse…! se trataría simplemente de recuperar el conocimiento de ser nosotros mismos, en vez de fingir lo que no somos. Si en vez de aplicar tecnologías para mantenernos dormidos, aplicáramos tecnologías del autoconocimiento no viviríamos ausentes de la gran realidad que nos envuelve y penetra. La gran ficción del actual modelo transmutaría hacia un nuevo modelo más humano autentico, ayudándonos a conquistar el sentido de lo que verdaderamente significa humanidad; cosa que nada tiene que ver con el discurso retoríco de políticos y sociólogos, de educadores y científicos, de filósofos y teólogos de panfleto. No sabemos exactamente cómo hacerlo, pero podemos empezar desprogramándonos.



No se trata de una revolución a gritos que clama la paz y el final de la guerra, ambos son procesos que requieren tiempo y hechos. Es una revolución silenciosa, que opera desde minorías que hacen pequeñas y silenciosas cosas. Es una conspiración silenciosa, que comienza en cada palabra, con cada gesto, a cada paso y en cada pequeña obra.



No se trata de derrumbar lo que ya esta hecho escombros y humea decadencia, sino de edificar sobre los viejos errores: con fe, esperanza y amor:



.. a sí mismo, a los semejantes y hacia el mundo